Música
06 de Agosto, 2026

Vivaldiando en tono sacro

Por Mario Córdova

Es lógico suponer que cuando se anuncia un programa de concierto dedicado exclusivamente a obras de Antonio Vivaldi se piense en sus obras más famosas.  Aparece entonces la expectativa muy alta en torno a las incombustibles “Cuatro Estaciones” y otras tantas piezas instrumentales con solos de violín, guitarra, mandolina, oboe o trompetas. Si la ocasión trae voces (coro) el interés por escuchar el “Gloria” se impone.

Pero a veces las cosas toman otros rumbos. Como sucedió en el reciente programa de la Temporada de Conciertos USACH, titulado “Vivaldi Spirituoso”. La ocasión pasó por alto la taquilla vivaldiana y exploró en la producción religiosa de este gran compositor del barroco italiano, que – ¡a no olvidarlo! - fue sacerdote, aunque muy poco practicante. Tal faceta sacra, no por ser desconocida es menos abundante e importante; considérese al respecto que el exquisito sello discográfico británico Hyperion le ha dedicado una decena de CDs en la serie Sacred Music. 

Esta nueva fecha de la temporada reunió al Coro Madrigalista Usach, dirigido por Rodrigo Díaz, y la Orquesta Barroca de Santiago (instrumentos antiguos), comandada desde el primer violín por Raúl Orellana 

La jornada se desperdigó en seis partes, de las cuales las más contundentes fueron “Beatus Vir” y Magnificat”, que se interpretaron completas. Dado el ánimo exultante de alabanza que habita estos himnos puede haberse percibido que el recurso sonoro (14 voces y 8 instrumentos) no fue lo suficientemente potente y brillante para llevar la interpretación a niveles de completa justicia interpretativa.  Superando esta desventaja, el punto más alto de ambas entregas se percibió en el trozo “Deposuit potentiam” del “Magnificat” en que el coro sumó fuerzas cantando al unísono. 

Se escuchó también el fragmento “Cum dederit” de “Nisi Dominus” con una soprano solista que lució una afinación notable, sobre todo en los complejos pasajes de cromatismo ascendente. Todo ello suspendido de un trabajo de bajo continuo instrumental en perfecto equilibrio.

Hubo dos partes sin voces: la “Sinfonía al Santo Sepulcro”, de extremo sosiego e intimismo, y el Concierto el sol menor RV 155, el momento en que el grupo instrumental se reveló en plenitud, con Orellana asomando una garra interpretativa sorprendente.

Para el final de la jornada se dispuso el trozo “Dominus Fili” del esperado “Gloria”, cuya interpretación dejó gusto a poco, tanto por su buen abordaje como por no tenerse la obra completa, ciertamente hermosa y famosa.

Como yapa para responder la abundancia de aplausos, abandonando la temática sacra se interpretó el trozo de la ópera “Dorilla in Tempe”, en que se asoma le ultra conocida melodía del inicio de “Primavera”, el primer concierto de las “Cuatro Estaciones” del mismo Vivaldi.

Más allá de hurgar en esta jornada para juzgar qué tuvo de más y menos bueno, debe destacarse la enorme fortaleza de su contenido y la fusión de dos grupos musicales que dieron a conocer obras que raramente llegan a nuestras audiencias.