
Atractivo se vislumbra el Ciclo de Grandes Pianistas del Teatro Municipal de Santiago, contemplando la presencia de afamados pianistas internacionales y con atractivos programas.
Luego de una triunfal inauguración con el debut en Chile del notable Pierre Laurent Aimard, y entremedio dos presentaciones anexas del Ciclo de las 32 Sonatas de Beethoven a cargo del prestigioso Boris Giltburg, la segunda jornada del Ciclo Grandes Pianistas propiamente tal consideró el debut de la norteamericana Claire Huangci, de buenas credenciales, quien días antes se había presentado en la tradicional Temporada Artística de la Universidad Federico Santa María en su formidable Aula Magna en Valparaíso.
Con un Municipal al tope de capacidad, incluyó un interesante programa, con un contrapunto entre lo clásico-romántico europeo y música de compositores norteamericanos contemporáneos, dando cuenta de una celebrada amplitud repertorística traducida en una gran convocatoria de público.
De descomunal técnica, Huangci impacta por su exacta digitación, manejo del pedal e irreprochable limpieza expositiva mediante acrisoladas transparencias, más generoso despliegue de acentos, matices y colores. No obstante estos atributos, parte de las obras abordadas merecen reparos ante opciones interpretativas fuera de estilo y sin mayor pathos interno, rayando en efectismos desdibujadores por sobre una genuina efectividad interpretativa…
Iniciando con la virtuosa Fantasía Brillante sobre motivos de la ópera “Las Bodas de Fígaro”, op. 493, de Carl Czerny, dio cuenta de una entrega ora de completo arrojo, ora irreprochable claridad expositiva, continuando luego con una incoherente versión de la famosísima Sonata N° 14 “Quasi una fantasía”, op 27 n° 2 -popularmente conocida como “Claro de Luna”- de L.V. Beethoven. Si bien hubo un entrañable enfoque del famoso primer movimiento, a partir del segundo se dieron inconsistencias en acentos y matices que no brindaron unidad, finalizando el tercer movimiento con velocidades innecesariamente vertiginosas de mera pirotecnia sin correlato musical per se. Decepcionante…
Mejores logros hubo en las Baladas N° 1, op. 23 y N° 2, op 52 de F. Chopin, aunque extrañando mayor interioridad y poesía.
Por mejor carril discurrió la segunda parte con las obras norteamericanas, previamente bien explicadas a la audiencia por la pianista, como exteriorización de su profundo arraigo con su Nueva York natal. Así, de gran interés la Fantasía Negra N° 2 de Florence Price (1887-1953), compositora afrodescendiente en el tiempo bien reconocida por la solvencia de sus obras. Como parte de un orgánico de 4 piezas breves, incorpora música de raíces en los negros spirituals, blues y cantos folclóricos, amén de una celebrada amalgama con las corrientes musicales europeizantes.de la época. Con entera propiedad, la versión de Claire Huangci develó irreprochable compresión del carácter de la pieza.
Seguidamente, y de completo beneplácito, los Estudios virtuosos sobre canciones de Gershwin, del legendario pianista norteamericano Earl Wild (1915-2010). Compuestos en 1954 y revisados en 1973, esta serie de 7 piezas, de alguna forma, responde a la sensibilidad y altas capacidades técnicas de Wild como pianista, quien a su vez fue un referente como intérprete de Gershwin (de culto su registro de Rhapsody in blue junto a los legendarios Benny Goodman y Arturo Toscanini, 1942), Sin perder idiomatismo, es posible reconocer cierta influencia de Rachmaninoff en aspectos armónicos y estilísticos (de referencia la integral de los conciertos rachmaninoffianos grabada por Wild), Sin duda una obra de gran factura y que en manos de Claire Huangci encontró a una intérprete ideal.
Y con celebrado criterio musical, una lógica llegada de Rhapsody un blue, de G. Gershwin, dando buen término a un programa marcado por complementarios contrastes. De efectista enfoque, Huangci nuevamente privilegió lo virtuosístico por sobre un realce del pathos interno, quedando la sensación de haber presenciado un mero divertimento en vez de una obra en sí de buen calado discursivo...
