Música
30 de Julio, 2026

Viola en operación rescate

Por Mario Córdova

En el amplio ámbito de obras orquestales con un instrumento solista es un hecho indiscutible que el violín y el piano son los más presentes, anotándose enormes repertorios en todo tiempo lugar y marcando delanteras en los legados de los más famosos compositores. 

Entre los otros instrumentos de la familia de las cuerdas, el segundo y acaso único lugar de protagonismo solista lo ocupa el violoncello, dejando muy postergados a la viola y el contrabajo, aún cuando éste suele ganar presencia como bajo continuo de la música barroca y sabe habitar muy bien el mundo del jazz. La viola figura entonces como una suerte de pariente pobre en términos de repertorio solista, con poquísimas obras para manifestarse en primer plano.

Al respecto, considérese que el tan famoso Concierto de Georg Ph. Telemann es de los tiempos lejanos del barroco, fechado en 1720.  Tras él, salvo poquísimas partituras de Joseph Hoffmeister y Franz Danzi surgidas con mucho menor fama en el posterior clasicismo, la viola vino a recuperar sitial en pleno Siglo XX, con conciertos de Bela Bartok, William Walton, Vaughan Williams y Alfred Schnittke. Por qué la historia de la música registra este hecho es un gran enigma.

Con esos antecedentes puede percibirse como un acto reivindicatorio para la postergada viola el hecho de que la Orquesta Sinfónica Nacional haya dispuesto en su más reciente programa el concierto de Schnittke, el más moderno de todos, pues data de 1985.  

La ocasión se manifestó como el feliz resultado de una conjunción rusa de lineamientos muy directos.  El compositor, ruso, dedicó la obra a su aventajado alumno, también ruso, Yuri Bashmet (el mejor violista mundial conocido en décadas), siendo éste quien transmitió todo su dominio en ella a otro ruso, Vladimir Babeshko, quien la interpretó en la jornada comentada.

¡Vaya que concierto más complejo y único, comuna concepción que tiene mucho de intelectual pues desarrolla un tema basado en notas sugeridas por las letras del nombre Bashmet!   Esa brevedad musical aparece y desaparece entre sones que van de la viola lastimera y agonizante, absolutamente sola, a arremetidas agresivas y desgarradoras que quieren arrebatarlo todo.  La orquesta, sin violines, gana presencia con más bronces y contrabajos, amen de un piano, celesta y clavecín.

Transitando por la encrespada partitura, Babeshko demostró ser un maestro en plenitud, contando el apoyo de unos sinfónicos en la más justa preparación bajo la batuta de Diego Naser, director uruguayo invitado. 

La audiencia recibió la obra y la interpretación con verdadera euforia, haciendo que el violista propinara una pieza de Bach, verdaderamente sublime.

El programa se completó con la Sinfonía N° 1 “Primavera” de Robert Schumann. Las directrices manejadas por Naser trajeron una versión muy correcta, aunque marcada por algunas exuberancias sonora en el último movimiento.