Cine
06 de Marzo, 2026

Vestida para Matar

Por Álvaro Inostroza Bidart

Hay películas en que el argumento, siendo importante, pasa a segundo plano; porque dichos filmes son una verdadera clase de cine; en el sentido del notable uso del lenguaje cinematográfico que se da en ellos. 

Una de estas cintas inolvidables es “Vestida para Matar” (1980), cinta dirigida y escrita por el cineasta estadounidense Brian de Palma; thriller que contiene algunas escenas de antología, inspiradas en el cine de Alfred Hitchcock, uno de los referentes de De Palma, junto con Roman Polanski.

De Palma, de 85 años, tiene una prolífica e irregular filmografía, en la cual destacan algunos filmes imperdibles, como “El fantasma del Paraíso” (1974), “Carrie” (1976), “Doble de Cuerpo” (1984), “Los Intocables” (1987), “Corazones de Hierro” (1989), “La Hoguera de las Vanidades” (1990) y “Redacted” (2007); donde queda claro que el realizador donde mejor se mueve es en el cine de género, especialmente el thriller, el de terror y el drama psicológico.

En “Vestida para Matar” reafirma esta aseveración, sacándole todo el provecho audiovisual a una historia cargada de erotismo y suspenso. Desde las primeras imágenes, la cámara asume una posición voyerista, mediatizada a través de ventanas, cortinas, vapor, espejos u otros elementos, que obligan al espectador a participar activamente e imaginar lo que no se ve del todo, resultando aún más perturbadoras las escenas. Esto ocurre, al comienzo, mientras se ducha una sensual Kate Miller (Angie Dickinson), ante la indiferencia total de su esposo, que se afeita sin mirarla.

Este recurso, de gran efectividad, lo usará De Palma en las escenas más álgidas de la película, cuando el asesino está a punto de matar a la única testigo de la muerte de Kate, Liz Blake (Nancy Allen); en la consulta del ambivalente Dr. Robert Elliott (Michael Caine). Una segunda marca de estilo del realizador, que también utiliza en esta cinta, es dividir la pantalla, posibilitando privilegiar al espectador y que vea lo que ocurre al mismo tiempo en dos locaciones distintas.

Otra escena de antología es la filmada en el museo, cuando Kate Miller coquetea con un visitante y se produce una tira y afloja entre ambos. Los movimientos de cámara son notables, transmitiendo a la perfección la emoción subyacente y la incertidumbre de cómo se resolverá esa escena, llevando al espectador en una verdadera montaña rusa, junto a la insatisfecha y reprimida Kate. 

Hay dos personajes secundarios que no se pueden olvidar, porque le dan un toque de humor a la cinta, fundamental en estas películas de emociones fuertes. Uno es el hijo de Kate, Peter (Keith Gordon), una especie de giro sintornillos, clave en la resolución del asesinato de su madre; y el otro es el detective Marino (Dennis Franz), informal y destartalado, pero nada de tonto.