
¡Sorpresas nos da la vida musical! Valgan estas palabras para hacer referencia a lo que fue la magistral actuación del Trío Sitkovetsky en la segunda fecha de la Temporada Internacional de Conciertos de la Fundación Beethoven (lunes 22, Teatro Municipal de Las Condes).
Esta feliz ocasión hizo recordar aquellas tres presentaciones del legendario Trio Beaux Arts en los inicios de este ciclo, que este 2026 está cumpliendo 50 años de actividad.
En alguna medida esta reciente visita reivindicó la presencia exacta del trio llamado clásico (violín, cello y piano), conformación que en la primera jornada de la actual temporada se vio desdibujada por una agrupación algo similar que trajo la intromisión de un fliscorno (¡!). Raro, muy raro instrumento.
El comienzo de esta gran experiencia brindada por el Trio Sitkovetsky fue con una creación de Franz Joseph Haydn, prototípica del clasicismo musical, período donde la elegancia y la milimétrica amabilidad con que surge cada nota es lo que manda. Sabiéndose de la pasión y el ánimo tan diferente que ya vendría en las obras restantes del programa, este inicio fue un verdadero caramelo, liviano, acaso un momento para ajustar motores, en que dominó el tañido de una pianista de excepción.
Podría decirse que el paso de Haydn a Bedrich Smetana puso sobre el escenario el conocido refrán “Borrón y cuenta nueva”. Ajeno a toda estrictez o imposiciones clásicas, su único trio Opus 15, exuda un romanticismo intenso que toma alto vuelo expresivo, muy libre y mayoritariamente sombrío. Fue en su interpretación cuando el conjunto visitante lució sus individualidades, más allá del casi exclusivo virtuosismo haydniano inicial del teclado. Aquí el repertorio escogido dio lugar a participaciones más destacadas de los otros instrumentos. Aventajó el violín, con la exposición de apertura y también con el vertiginoso tema del final, en que se asoma el nacionalismo checo tan de Smetana en otras obras; y también el cello en esa conclusión, sosteniendo el agitado despliegue musical y marcando un territorio melódico más propio e íntimo en las intercalaciones más calmas.
El final de tan buena jornada trajo el Trio en la menor de Maurice Ravel, abriendo cancha muy especial a un impresionismo sugerente y misterioso en el que la terna visitante parecía sumergirse. En su desarrollo, tanto el conjunto como las individualidades brillaron por igual. Gran solo del cello.
El estruendoso aplauso final obligó al Trio Sitkovetsky a propinar un encore. Fue un entrañable movimiento lento de Cecile Chaminade.