
A veces los padres se alejan de los hijos, y viceversa, sin que estén muy claras las razones o no sean profundas; y sólo la muerte de uno de ellos los vuelve a reunir; comenzando entonces la reconstrucción o la continuación de la historia común, produciéndose un reencuentro fulminante y poderoso.
Esto se podría decir en primera instancia de “Un Lugar Donde Quedarse” (2011), cinta dirigida y escrita por el cineasta italiano Paolo Sorrentino; que cuenta la historia de un ex cantante de rock, Cheyenne (Sean Penn), que vive en Irlanda; al cual se le muere su padre judío, que vivía en Nueva York y al cual no veía hace treinta años. Todo esto, con un estilo único, tanto en lo narrativo como en lo audiovisual; con la construcción de un personaje protagónico inolvidable, por lo desadaptado y sensible, y que físicamente recuerda mucho a Robert Smith, líder de la banda The Cure.
Sorrentino, de 56 años, ha dirigido además otros diez largometrajes: “Un Hombre de Más” (2001), “Las Consecuencias del Amor” (2004), “El Divo” (2008), “La Gran Belleza” (2013), “La Juventud” (2015), “Silvio y los Otros” (2018), “Fue la Mano de Dios” (2021), “Parthenope” (2024) y “La Gracia” (2025); que se destacan por una mirada poética y original sobre la realidad contada y el desarrollo de personajes entrañables, que habitualmente están autoanalizándose y reflexionando sobre la realidad que los circunda.
“Un Lugar donde Quedarse” no es la excepción. Es claramente una cinta centrada absolutamente en el personaje protagónico y sus andanzas. Incluso los personajes secundarios importantes son muy pocos y están directamente relacionados con Cheyenne. Los más importantes son su esposa, Jane (Frances McDormand), comprensiva y relajada; su amiga más joven Mary (Eve Hewson), rockera igual que él; el rockero David Byrne (interpretado por él mismo); la melancólica madre de Mary (Olwen Foveré); y dos personajes del mundo de su padre: Mordecai Midler (Judd Hirsch), singular cazador de nazis; y Peter Smith (Heinz Lieven), el antiguo torturador de su padre, cuando estuvo prisionero en Auschwitz, durante la Segunda Guerra Mundial.
La primera parte del filme, cuando el espectador conoce a Cheyenne, se desarrolla en Irlanda, entre su maravillosa casona y el típico barrio de Dublín, donde vive Mary con su madre, detrás de un estadio de fútbol. La segunda parte se desarrolla en Estados Unidos y comienza en el barrio judío de Nueva York, con la muerte de su padre y la lectura de sus diarios de vida; donde se percata que éste se dedicó toda su vida a perseguir a Peter Smith y siente la necesidad de terminar dicha misión- Recorre en una camioneta los estados de Michigan, Nuevo México y Utah, donde finalmente lo encuentra; con la voz en off de su padre acompañándolo, leyendo su Diario: “antes del Infierno existía el hogar, una intimidad mental. Hay muchas formas de morir, una de ellas es seguir viviendo”.
El desenlace, el encuentro con Smith, es impactante y dramático. Este señala, en un monólogo espeluznante, las tres etapas de lo que ocurrió con el nazismo: primero la imitación de sus oficiales a Hitler; luego la humillación a los prisioneros, momento en que describe la que sufrió por su parte el padre de Cheyenne y que vivió “la belleza implacable de la venganza con perseverancia y grandeza”. La tercera es el robo del “hogar” a los vencidos, la despreocupación y el sueño de amar a una mujer. En el caso específico del padre de Cheyenne este hogar era la memoria de la bicicleta, un beso robado en el jardín a los 13 años, las nubes negras antes de la lluvia, la amenaza de un trueno, las caricias del padre y la madre, y un rincón al lado de la ventana.