Música
27 de Agosto, 2026

Un cello en el cielo

Por Mario Córdova

La tercera y más reciente fecha de la actual Temporada Internacional de Conciertos de la Fundación Beethoven no fue una más. En ella se dio realce muy especial a la conmemoración, este 2026, de los 50 años de esta importante gestora de la actividad musical de Santiago. También se festejaron los 25 años de la creación de la Fundación de Orquestas Juveniles e infantiles FOJI. El porqué solemnizar en forma conjunta ambos aniversarios tiene una respuesta clarísima: ambas fundaciones fueron creadas por el maestro Fernando Rosas (1931-2007), a quien se recordó con sentidas palabras de gratitud y admiración al comienzo de la jornada.

Las dos secciones que dieron cuerpo a esta fecha cumpleañera constituyeron un hecho curioso e inédito, por cuanto la primera incluyó sólo música de cámara y la segunda, únicamente orquestal.

En lo inicial la gran estrella fue Zuill Bailey, intérprete del cello de fama mundial, poseedor de una magnífica discografía. Acompañado en piano por Natasha Paremski tocó obras de Rachmaninov: la Sonata en sol menor y un arreglo de la conocida “Vocalise”. Una se percibió extensa, cercana a la suntuosidad, muy contrastada entre fuertes matices con galopantes ritmos y apacibles islas de sosiego melódico; la otra, breve, fue pura inspiración nostálgica. Bailey mostró ser un soberano de su instrumento, como los hay pocos, en el justo abordaje de cada demanda, con capacidad para pasar, como si nada, de lo crispado a la dulce amabilidad que emociona, siempre con el más bello sonido extraído del cello. Este último aspecto se tomó por asalto el encore: un ensoñador “Traümerei” de Schumann. 

Tras el intermedio se instaló la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil, espolón de proa de la FOJI, conducida por Paolo Borttolameolli, su director titular. Este comentarista no se referirá aquí por completo a su participación, pues gran parte de ella se replicará en fecha cercana, de la cual vendrá una columna recisora. Así, por la suite de “El Caballero de la Rosa” de Strauss estas líneas seguirán de largo. 

Sí es obligación detenerse en las “Variaciones Rococó” para cello y orquesta de Tchaikosky, integrando éste y también el futuro programa aludido, que no tendrá como solista a Zuill Bailey, quien aquí fue la gran figura de la jornada.

Con un marco acompañante magnífico de los jóvenes sinfónicos, con el que debe haber habido mínimos ensayos, el solista invitado no vino sino a coronarse con una interpretación de antología, para atesorar en la memoria. La sola exposición inicial del aquel tema “rococó” (inventado por Tchaikovsly en estilo mozartiano) ya lo mostró con un encantador refinamiento. Luego transitó por el virtuosismo y algunas sonoridades de galantes provocaciones sonoras, para mostrar una muy suave aproximación al aterrizaje con una penúltima variación conmovedora a rabiar en su lirismo y, concluir tocando tierra en un aguerrido final. No cabes dudas de que las sonrisas que emanaron del duro rostro inicial del cellista delataron cuan satisfecho se iba sintiendo al ser acompañado de una orquesta tan lozana y tan bien conducida por Bortolameolli.

Atronadores aplausos fueron propinados por Bailey con dos nuevos encores, llevando su cello a alturas verdaderamente celestiales: un Preludio de Bach y un trozo de la ópera “Orfeo y Euridice” de Gluck, ambas piezas con el instrumento absolutamente solo.