
Muchas, muchísimas son las categorías bajo las que pueden clasificarse los coros que cantan en nuestro medio. Los hay grandes, medianos, pequeños, profesionales, amateurs, colegiales, universitarios, institucionales, antiguos, nuevos, etc.
Un aspecto que también es importante considerar en la clasificación de los coros es la ruta que siguen sus repertorios, llevando ello a separar aquellos cuyo trabajo requiere apoyo instrumental de otros de accionar sin agregados extra vocales (a capella).
Más allá de cualquiera cualidad o sello que posea un determinado coro, ciertamente en Santiago hay un conjunto que es único: El Cantar de Las Condes. Está formado únicamente por mujeres (dos docenas) de tercera edad y opera al alero del Programa Social para el Adulto Mayor de esa comuna. Desde su creación, en 1996, lo dirige Victoria Barceló, filósofa, cantante, de sólida formación musical y como educadora.
En el marco de la conmemoración de sus treinta años de actividad este conjunto de singular formación - ¡no se admiten hombres! - se mostró pleno de virtudes en una muy reciente jornada celebratoria que desplegó un gran abanico de diez obras testificantes de la reserva de un gran repertorio. Con muy acertadas introducciones semi teatrales a cada una, el programa abarcó desde el renacimiento inglés a la comedia musical sigloveintera, pasando por canciones latinoamericanas, los amargos desamores de Violeta Parra y un final con un luminoso gospel religioso.
La voz es parte inseparable del cuerpo humano, al que, inexorablemente, el avance de los años le presenta cambios que pueden llegar a deterioros irreversibles. Felizmente en El Cantar de Las Condes, de voces en edad tan madura, no se perciben asomos de menoscabo sonoro, hecho que adquiere mayores miradas de sorpresa al constatar que sus integrantes son amateurs, sin formación vocal académica. Ese buen nivel interpretativo, siempre en perfecta afinación, permite elogiar el esforzado trabajo de preparación de parte de Barceló y sus instructoras ayudantes Lorna Guzmán y Angela Lemus. Bravo por ellas.
Quien haya seguido la trayectoria de esta agrupación ha sido testigo de los innegables y empinados ascensos que ha vivido en décadas, pudiendo afirmar que desde la percepción inicial de un laborioso coro de aficionadas o amigas, el conjunto ha pasado a ser algo muy, muy superior. También se ha podido observar la exposición de un amplio repertorio plenamente libre y variado, hecho que, por poseer ese sello único de conformación, lo convierte en un coro de insospechados atractivos en sus presentaciones.
En el programa impreso, de apoyo a la jornada comentada, se explicitó a modo de manifiesto el ideario valórico que motiva la existencia de El Cantar de Las Condes. Muy bueno sería que otras comunas escuchen la tan positiva proyección del espíritu que anima ese canto tan honesto como de calidad y lo hagan suyo. Recuérdese que el trabajo de Mario Baeza, el recordado patriarca de la actividad coral en nuestro país, siempre fue reforzado con su frase “¡Para que todo Chile cante!”.