Cine
29 de Mayo, 2026

Sirat

Por Álvaro Inostroza Bidart

El desierto tiene algo de irreal, limítrofe y simbólico, características que lo hacen un escenario ideal para películas que tienen varias lecturas y cuyo grado de abstracción va aumentando a medida que avanzan las escenas y la trama se torna cada vez más angustiante, casi como la única salida plausible para el espectador sensible.

Esta reflexión cuadra perfectamente con “Sirat” (2025), cinta dirigida, escrita y producida por el cineasta español Oliver Laxe; que narra el periplo de Luis (Sergi López) y su hijo adolescente Esteban (Bruno Núñez), que buscan a su joven hermana, de la cual nada saben hace meses; y que piensan puede andar en alguna fiesta electrónica clandestina, de las que se organizan en el desierto del norte de África.

Laxe, de 44 años, había dirigido anteriormente tres elogiados y premiados largometrajes: “Todos Vosotros Sois Capitanes” (2009), “Mimosas” (2016) y “Lo que Arde” (2019), que lo posicionan como el realizador más importante de lo que se ha llamado el “Nuevo Cine Gallego”; y que se caracteriza por la intensidad de sus historias, por mezclar la ficción con el documental, por utilizar actores no profesionales y por filmar mucho en exteriores, en pueblos pequeños y en zonas de influencia histórica de España, como el Magreb.

En “Sirat” se dan varias de estas características. La cinta está filmada en pequeños pueblos de España y en el desierto de Marruecos, los actores secundarios no son profesionales; pero sobre todo el filme impresiona por la intensidad de la historia y por el grado de abstracción y simbolismo que va alcanzando, a medida que las desgracias se van sucediendo, como en una maldición.

Desde el comienzo la cinta introduce al espectador en un mundo especial, que tiene sus propias reglas. Aparecen las manos del equipo que está instalando los gigantescos parlantes en mitad del desierto, donde se desarrollará la primera fiesta electrónica; a la cual llegarán Luis y Esteban, consultando, con fotografía en mano, si alguien ha visto a su otra hija.

En esta primera escena, también, queda de manifiesto la importancia que tendrá la música en toda la cinta, tanto la que se escuchará en esta inquietante fiesta, como a lo largo de toda la película, la cual está a cargo del músico y arquitecto francés Kangding Ray. La música, inmersiva y sugerente, define a cabalidad al público de este tipo de fiestas, gente que baila con total libertad, pero sin molestar a los demás.

Cuando todo está agarrando vuelo, llegan patrullas de soldados a disolver la fiesta ilegal, lo que obligará a un pequeño grupo a escapar, para organizar la próxima “rave”, y que será seguido por padre e hijo, con la esperanza de tener éxito en su búsqueda, aunque también se siente en esta decisión la atracción irresistible del desierto, como lugar misterioso y fronterizo. 

El singular grupo los completan dos parejas: Steff (Stefania Gadda) y Josh (Joshua Herderson); y Tonin (Tonin Janvier) y Jade (Jade Pukid); y un amigo de todos, Bigui (Richard Bellamy); que acogen a Luis y Esteban en su viaje, aunque cada vez, a medida que avanza el filme, parecieran tener menor importancia sus objetivos originales y se van sumiendo en un universo ambiguo y terrible.