
Del todo interesante el segundo programa de abono de la Sinfónica Nacional, realizado en su sede de la Gran Sala Sinfónica Nacional.
Luego de una abrumadora llegada de público al programa inaugural, de alguna forma no era esperable una buena asistencia a este segundo concierto de abono, en parte ante las obras poco y nada conocidas. Empero, considerando una coyuntura donde los “bolsillos” están más resentidos por los fuertes gastos propios del mes de marzo…, asimismo, teniendo presente la misión de la Sinfónica por difundir un amplio repertorio, fue acertado justamente disponer este programa -más bien de nicho- en este mes de restricciones económicas para buena parte de los chilenos, esperándose desde abril una normalización de la llegada del masivo público histórico.
Dirigido por la Consejera Artística de la Sinfónica, la talentosa maestra polaca Barbara Dragan, abrió con el estreno en Chile de “Ellos Se Perdieron en el Espacio Estrellado”, de la icónica compositora polaca-alemana-chilena Leni Alexander (1924-2025). Figura fundamental de la música de tradición escrita en Chile, su música se inserta estéticamente en la atonalidad, serialismo y aleatoriedad, amén de un notable dominio de lo tímbrico y colorístico. De desgarrado carácter, “Ellos se perdieron….” fue escrita en 1975 e inspirada en la trágica suerte del importante cantautor y director de teatro chileno Víctor Jara (1932-1973), y basándose en un verso que Víctor alcanzó a escribir tras su detención antes de morir…
Con una duración de algo más de unos 20 minutos y con un orgánico de 25 músicos, esta pieza posee una atractiva continuidad expresiva más una rica explotación de texturas y colores (a lo Messiaen), más una amplia batería de recursos musicales como el uso de glissandi, leño en las cuerdas, como un sinfín de detalles en los solos instrumentales, a la vez, interesantes efectos como un notable arpegio del arpa al unísono con las cuerdas del piano pulsadas por el solista respectivo, además del buen tratamiento de las dobles cuerdas, entre muchos aciertos.
Estrenada fuera de Chile, se dispone de una notable grabación dirigida por el maestro Juan Pablo Izquierdo junto a la Orquesta Filarmónica de Radio France, no entendiéndose postergar tantas décadas su estreno en Chile… Así, este “debut local” contó con un excelente trabajo de la maestra Dragan, aunque algo distante en aspectos interpretativos per se, quizás ante una mirada prescindente de intervenciones personales, dejando que la obra hablara por sí misma…
De radical contraste, aunque de alguna forma conectada con una dimensión de trascendencia en lo temático, muy bienvenido el estreno en Chile de las “Canciones Bíblicas” de Antonin Dvo?ák, en su versión orquestal. Escritas diez años antes de su muerte y dentro de sus dos años de estadía en Estados Unidos, reflejan un estado anímico de nostalgia de su tierra natal (textos en checo basados en la primera traducción de la biblia a dicha lengua), amén del dolor al enterarse desde tan lejos de las muertes de personas a quien tenía admiración y afecto. De simples estructuras, sus bondades musicales van por una sinceridad afectiva, servida de una magnífica correlación texto-música más na orgánica cohesión estilística (de genuina raigambre vernácula bohemia).
Magnífica labor del destacado barítono nacional Javier Arrey, residente en Estados Unidos. Con idiomático cometido, servido de irreprochable musicalidad, cabal comprensión de los textos (certeras inflexiones y acentos) más completa linealidad de canto, dieron cuenta de completa autoridad interpretativa. Por su parte, la empática batuta de la maestra Dragan proveyó un perfecto marco sonoro de apoyo al autorizado solista, obteniendo de los sinfónicos grandes logros en ensamble, dinámicas y texturas.
Como broche de oro, una triunfal versión del Poema del Éxtasis, de Alexander Scriabin, al parecer nunca hecho por la Sinfónica Nacional. De hecho, esta notable obra, desde 1989, sólo se ha hecho en tres oportunidades, y siempre por la Filarmónica de Santiago, recibiéndose con máximo beneplácito ahora con la Sinfónica.
Consecuente con la estética scriabiniana, el compositor discurre hacia un delirio directamente condicionado por su adhesión a la teosofía, donde la exaltación -a umbrales esotéricamente desvariados- de la creación del artista, so pretexto sentirse iluminado por algún espíritu superior…, discurre hacia una total egomanía. De formidable factura, contempla una batería de notables fluctuaciones armónicas y estupendas bondades de orquestación con atractivos timbres y colores.
Escrupuloso trabajo de Barbara Dragan, obteniendo lo mejor de la decana orquestal del país. Con notables transparencias, inflexiones más una gran cantidad de detalles en matices, dinámicas y texturas, asimismo, soberbio manejo de la tensión-distención-expansión sonora, evidenciando completa pericia de conducción y profesionalismo de los músicos. Atrapante fluidez del continuum entre los contrastados estados anímicos a lo largo de sus tres partes.
Inapelablemente, un triunfo cabal…
