
El buen cine de humor está relacionado directamente con un buen guion, buenas actuaciones protagónicas, sólidos personajes y un ritmo narrativo arrollador, que no permite al espectador descuidarse ni un segundo de lo que está ocurriendo en la pantalla.
Todas estas características las cumple a cabalidad “Siete Ocasiones” (1925), cinta dirigida, producida y protagonizada por el genial cineasta estadounidense Buster Keaton; adaptada de la comedia homónima del escritor norteamericano Roi Cooper Megrue; y que cuenta la historia de James Shannon (Buster Keaton), un empresario que está en quiebra y que recibe una herencia de siete millones de dólares, siempre y cuando se case antes de las siete de la tarde de su cumpleaños veintisiete, que coincidentemente es el mismo día de cuando recibe esta maravillosa, pero condicionada noticia.
Keaton (1895-1966) fue sin duda uno de los directores más importantes del cine mudo, a pesar de que dirigió y actuó hasta 1965. Su merecida fama como realizador y actor, con su característico rostro hierático y aparentemente inexpresivo, se debe principalmente al trabajo que efectuó en la década del 20. En esa etapa, aparte de “Siete Ocasiones”, dirigió y protagonizó otras cintas notables, como “Las Tres Edades” (1923), “La Ley de la Hospitalidad” (1923), “El Navegante” (1924), “El Moderno Sherlock Holmes” (1924), El Maquinista de la General” (1927), “Steamboat Bill Jr. (1928), “El Camarógrafo” (1928) y “El Comparsa” (1929); filmografía que lo llevó a recibir un Oscar Honorífico en 1960.
En “Siete Ocasiones”, Keaton demuestra toda la madurez de su estilo. En la primera escena, Shannon aparece, consecutivamente, en las cuatro estaciones del año, declarándole su amor a Mary (Ruth Dwyer); su amor imposible. Con posterioridad, el protagonista está en su oficina, con su socio (T. Roy Barnes); terriblemente aproblemados por la situación financiera de la empresa. Con estas dos escenas, conocemos a cabalidad los personajes principales, su situación y su perfil psicológico. Luego, la primera escena jocosa: las tremendas dificultades que debe pasar el abogado de su abuelo (Snitz Edwards), para notificarlo de la millonaria herencia y sus condiciones.
A continuación, la cinta es una seguidilla de escenas jocosas, con una progresión en aumento del nivel de hilaridad que sorprende; y que nos coloca frente a una obra maestra. Todo esto se desata porque Mary, a quien primero acude Shannon, lo rechaza, iniciándose una búsqueda desesperada, y contra el tiempo, de alguna mujer, idealmente joven y guapa, que se quiera casar con el desaliñado James.
El nombre del filme se debe a que primero buscan en el Country Club al que pertenecen Shannon y su socio; y hacen una lista de siete posibles novias, que se van negando una a una, en situaciones cada vez más ridículas, mientras un mensajero trata de comunicarle el arrepentimiento de Mary en su decisión.
La persecución multitudinaria de “novias” por las calles, en la iglesia, en la playa, en los cerros, en todas partes, a Shannon; luego de que el abogado y su socio publicaran un aviso en el diario; debe ser una de las secuencias más chistosas y logradas de la historia del cine. Las circunstancias que pasan el novio y las miles de aspirantes son de lo más variadas y dificultosas posibles, demostrando no sólo la increíble capacidad de producción de Keaton; sino también su condición física, digna de un atleta olímpico, ya que no para de correr huyendo durante largos minutos.