Ópera
24 de Agosto, 2026

“Romeo y Julieta”: triunfo musical

Por Mario Córdova

Este año 2026 deberá quedar anotado con especiales caracteres en la biografía artística de Yaritza Véliz, pues hay potentes razones. Por una parte, ella marcó un record pocas veces (o ninguna) ostentado por otra soprano a nivel mundial: cantar con muy escasos meses de desfase las Julietas de “Capuletos y Montescos” de Bellini (Buenos Aires) y “Romeo y Julieta” de Gounod (Santiago). Por otra, en nuestro Teatro Municipal capitalino encabezó con grandes éxitos los elencos de “La bohème” y esta ópera francesa, cuyas funciones están desarrollándose en estos días.

Su muy reciente estreno (elenco 1) encumbró a Yaritza al sitial de triunfadora absoluta en el absorbente rol que se encuentra debutando. Luciendo recursos muy maduros y expresivos portados por una voz en creciente robustez y de enorme proyección sonora, cubrió en plenitud las enormes exigencias del verdadero vendaval de dúos y pasajes solistas que inunda “Romeo y Julieta”. Con tal favorable batería, de la graciosa agilidad inicial de “Je veux vivre” su abordaje fue ganando intensidad y dramatismo, llegando a encarar el “Aria del veneno” con un coraje conmovedor que desbordó a la audiencia en una cerrada ovación. Este gran debut debiera ser un trampolín para alcanzar muchas réplicas internacionales.

Como Romeo, también debutando el rol, Ben Reinsinger cumplió un gran cometido. Sus limitadas condiciones actorales se apreciaron muy bien compensadas tanto por un arrojo cantante admirable como por una potente fuerza en todo el registro vocal. Si el avance de su joven carrera le permitiera corregir sus tendencias tímbricas a la emisión caprina un gran futuro espera a este tenor. Difícil tarea es ordenar a los personajes que siguen a la pareja protagónica de “Romeo y Julieta”, pues son muchos. Ahí destacaron Fray Lorenzo (Matías Moncada), la nodriza Gertrudis (Evelyn Ramirez) y Mercucio (Ramiro Maturana) a quienes sigue una larga galería de cantantes chilenos.

A la misma altura del aplastante triunfo de Yaritza Veliz debe consignarse la dirección musical de Patrick Fourmillier, muy sólida y expresiva, al servicio del drama y los cantos indivi-

duales y colectivos. La Orquesta Filarmónica de Santiago y el Coro del Teatro Municipal se oyeron con una calidad que mostró una grande y maciza solidez. Sonaron como nunca.

En el tratamiento  escénico esta  producción exhibe aspectos acertados, pero otros no tanto, curiosos e incluso incomprensibles, como lo es el vestuario, con algunos diseños más tendientes al disfraz ocasional o al decidido escape argumental, llegando al extremo de ataviar a la nodriza (ojo, una sirvienta) como si fuera una gran señora o al Conde Capuleto como un rey africano, La disposición espacial tan amplia e incluso cargada de desnudez, con el fondo verdadero del escenario municipal muy  la vista, limita las posibilidades de crear ambientes más íntimos, sensuales o y tiernos, Tal es el caso de la icónica escena del balcón, la despedida en la noche nupcial previa a la castigada partida de Romeo y el momento final de la tumba, que se presentan sin acotaciones específicas para cada lugar. El movimiento actoral y la fluidez teatral de una regie que simula proximidades al “teatro dentro del teatro” pueden considerarse apropiados, aún cuando tantos cambios escénicos con personal de tramoya y personajes a la vista, con música orquestal en desarrollo, aparecen como algo capaz de perturbar a la audiencia.

Fotografia: María Pía Merani