Música
28 de Julio, 2026

Peregrinaje musical junto a la Orquesta de Cámara de Chile

Por Germán Reyes Bush

Del todo atractivo el reciente programa de la Orquesta de Cámara de Chile a cargo de su titular, Emmanuel Siffert

De las tres presentaciones, se asistió a la primera, llevada a cabo en la Parroquia San Patricio, en la comuna de Las Condes.

Con una acogedora recepción del párroco –prodigando una inesperada bendición a los presentes-, y parafraseando las certeras palabras de bienvenida del dueño de casa, se “asistió a escuchar música como quien asiste a un culto”, máxime al presenciar un programa ciento por ciento de estrenos locales.

Del máximo interés escuchar en vivo por primera vez "Peregrinación de un alma pequeña", obra para violín que Leos Janá?ek dejó inconclusa. Y como casi todo lo que escribió este compositor checo, se trata de música incandescente y poética de principio a fin.

El resto del programa estuvo dedicado a obras poco frecuentes de Robert Schumann, compositor que comparte con Janá?ek esa rara capacidad de escribir música que parece surgir en estado de inspiración permanente. Ambos transmiten una sensación de improvisación, de vuelo y de aire fresco que hace que incluso sus páginas menos conocidas parezcan inevitables.

Desde la Obertura "Hermann y Dorothea", con esas frases de inconfundible aire eslavo (recordándose una de las Rapsodias Eslavas de Dvorak) matizadas por citas de La Marsellesa; pasando por la maravillosa Fantasía para violín y orquesta; hasta concluir con la juvenil Sinfonía «Zwickau», toda la velada fue un despliegue de arrojo lírico e intensidad poética… Schumann y Janá?ek tenían, efectivamente, almas libres y peregrinas.

El solista fue William Harvey, concertino de la Orquesta Nacional de México y músico de una sensibilidad excepcional. Es increíble cuando los concertinos que salen al frente de una orquesta -cuando son realmente buenos- suelen ser músicos profundamente comunicativos. Y sin duda, Harvey pertenece claramente a esa categoría: posee un sonido bellísimo, pero impresiona todavía más por la naturalidad y la emotividad de su fraseo.

En Janá?ek no solo asumió la parte solista: realizó además el arreglo para orquesta de cámara, estrenándolo mundialmente junto a los camaristas chilenos… Y particularmente esta versión resultó incluso más convincente que la versión orquestal habitualmente interpretada, esperándose haya sido grabada y más adelante distribuida internacionalmente. Con este arreglo, sin duda, la obra tiene todo para ocupar el lugar que merece entre las grandes partituras para violín del siglo XX.

Y qué decir del encore de Bach, recibiéndose literalmente con un nudo en la garganta. Quizá no sea la lectura más canónica, pero será difícil encontrar otra más emocionante.

Gran labor de Siffert y sus músicos, con muy buenas lecturas en todas las obras y jerarquía de resultados, brindando pleno méritos a este verdadero peregrinaje musical. Un concierto imperdible