Cine
03 de Julio, 2026

Nubes Pasajeras

Por Álvaro Inostroza Bidart

La cesantía es sin duda uno de los estados más terribles por los cuales puede pasar una persona o una familia; y, lamentablemente, parece ser un producto inevitable de la modernidad, la automatización y el capitalismo a ultranza que se está imponiendo en las sociedades occidentales, sin considerar muchas veces los costos sociales que esto conlleva.

Esta podría ser una de las conclusiones de “Nubes Pasajeras” (1996), cinta dirigida, escrita, producida y editada por el cineasta finlandés Aki Kaurismaki; que relata la historia de un matrimonio de clase media, que de un día para otro quedan cesantes ambos, atravesando unidos una serie de penurias; antes de superar, por fortuna para ellos, este estado transitorio, cuya metáfora le da el título a la película.

Kaurismaki, de 69 años, es considerado el director finlandés más importante de la historia del cine y tiene una abundante filmografía, que alcanza a veinte cintas; entre las cuales se destacan “Crimen y Castigo” (1983), “Calamari Union” (1985), “Sombras en el Paraíso” (1986), “Ariel” (1988), “Vaqueros de Leningrado van a América” (1989), “La Chica de la Fábrica de Cerillas” (1990), “Agárrate el Pañuelo, Tatiana” (1994), “Un Hombre Sin Pasado” (2002), “El Havre” (2011) y “Hojas Caídas” (2023), entre otras; las cuales desarrollan, en general, historias y personajes de las clases media y baja de su país natal y de Escandinavia; con un sentido del humor poético y nostálgico, como un modo de paliar el dramatismo de sus argumentos.

En “Nubes Pasajeras” esta marca de estilo se reitera. Al comienzo de la historia, los protagonistas viven en una relativa calma. Lauri (Kari Vaananen) es un respetado conductor de un tranvía e Ilona es Jefa de Sala del clásico restaurante Dubrovnik, que tiene 38 años de vida y en el cual hay música tradicional finlandesa en vivo. De hecho, la cinta comienza en ese lugar, con un cantante al piano, interpretando un tema romántico; señal del prometedor presente de la pareja.

La música de la cinta, principalmente canciones, irán transmitiendo no sólo el estado de ánimo de los personajes; sino también el signo de los acontecimientos que les van sucediendo, a pesar de sus positivos esfuerzos. Lauri es orgulloso y no se amedrenta con su cesantía; ya que confía en encontrar trabajo rápidamente, con frases como “los árboles todavía crecen”, “las malas noticias pueden esperar” y “un profesional no necesita suerte”. Ilona, por su parte, es más realista y señala “los tiempos no son buenos”; tanto que ella también queda sin trabajo. La jornada de despedida en el restaurante es con música bella y melancólica.

La pareja, sin recriminarse en ningún momento y apoyándose siempre, buscarán trabajo denodadamente, sobre todo la mujer; la cual se encontrará en este periplo con el ex portero (Sakari Kuosmanen) y el ex chef del restaurante (Markku Peltola), incluso en peores condiciones que ella. Tocarán fondo hasta que aparece la antigua dueña del Dubrovnik, Rouva (Elina Salo), dispuesta a invertir en un nuevo restaurante, que se llamará “Trabajo”, para lo cual rescatarán a los antiguos chef y portero; en una clara alusión a la amistad y lealtad como valores, para salir adelante en esta sociedad mercantilista; con un tema musical que nos habla de las “nubes pasajeras” que, a veces, ensombrecen nuestras existencias.