Danza
06 de Noviembre, 2026

Noche de Grandes Coreógrafos: un verdadero banquete de danza

Por César Sepúlveda V.

Del 27 al 30 de octubre se celebró en el Teatro Municipal de Santiago, a cargo de su elenco de danza, el Ballet de Santiago, la “Noche de Grandes Coreógrafos”. Cuatro días para disfrutar de todo el talento que despliega esta compañía en cuatro coreografías de distintos estilos, geografías y épocas: “La Puerta” (2026), del chileno Eduardo Zúñiga; “La muerte del cisne” (2002), del francés Thierry Malandain; “The Vertiginous Thrill of Exactitude” (1996), del norteamericano William Forsythe; y, para finalizar, “Bodies of Division” (2025), de los ingleses James Pett y Travis Clausen-Knight. Cuatro obras que, definitivamente, hicieron que quienes nos alimentamos de la danza disfrutáramos de un verdadero banquete de placeres.

Lo que no fue grato de ver, considerando el nivel de esta compañía y su talento, fue que la sala no estuviera llena. Eso te deja pensando y preguntando qué pasa. Dentro de mis posibles respuestas, pienso que, en nuestra necesidad de entender todo y darle un significado, tal vez nos resulta más fácil asistir a un ballet clásico o de repertorio, con personajes bien definidos, vestuarios reconocibles y una historia conocida.

Pero lo que les puedo sugerir es que se atrevan a no entender o a no darle significado a todo. Lo importante es ver y darse cuenta de qué sienten en el pecho, en el corazón. ¿Acaso necesitan saber qué intentó decir Beethoven o Mozart en determinada sinfonía? No, simplemente cierran los ojos y se dedican a sentir. Pues bien, es lo mismo en la danza contemporánea: dejen de intentar entenderlo todo y quédense con la sensación.

Pero bueno, estamos acá para escribir sobre la “Noche de Grandes Coreógrafos”, así que ¡manos a la obra! Vamos desmembrando lo visto.

Partimos la noche con el estreno mundial de “La Puerta”, con coreografía de Eduardo Zúñiga, chileno que se formó en la Escuela del Teatro Municipal de Santiago y en la Houston Ballet Academy. Como bailarín, pasó un breve periodo en el Ballet Nacional Chileno, para luego emigrar a Europa en 2014 y retornar, en la segunda temporada de 2018, a montar tres obras junto al BANCH, dos de las cuales obtuvieron importantes premios: “Puñal”, Medalla de Oro en el XIII Moscow International Ballet Competition and Contest of Choreographers, en Rusia, y “Archipiélago”, Medalla de Plata en el IV Beijing International Ballet and Choreography Competition, en China.

Hoy, Eduardo, director de Wako Danza, se consagra como uno de nuestros grandes coreógrafos nacionales, creando muy buenos trabajos en dos de las compañías más importantes y con mayor tradición del país. Y es que “La Puerta” es francamente exquisita, con un muy buen manejo del lenguaje, la dramaturgia y el cuerpo de los bailarines.

Con música de Astor Piazzolla, escenografía de Luis Crespo, vestuario de Carlos Mora, que no distingue género, e iluminación de Ricardo Castro, nos entrega una pieza contemporánea donde los personajes, hombres y mujeres, se funden en un significado donde prima el amor, independientemente de a quién amamos, sino más bien en esta necesidad de amar y ser amados.

Y un excelente trabajo de Lorena Borja, Karen Chambers, Alexia Comisso, Riko Okuda, Martina Pecciolonl, Katherine Rodríguez, Jacob Alvarado, Felipe Arango, Gaspar Caballero, Eduardo Díaz, Ollver Orozco y Alberto Sanchis.

¡Felicitaciones a todo el equipo de esta obra!

Continuamos con el estreno en Chile de “La muerte del cisne”, obra creada para el Kuopio Dance Festival de Finlandia por el coreógrafo Thierry Malandain y su compañía, instalada en Biarritz, Francia.

Las obras de Thierry no son nuevas en nuestro país. Ya tuvimos un primer acercamiento con “La sangre de las estrellas”, pieza ecológica estrenada por el Ballet Nacional Chileno en 2011, donde tuve el placer de bailar y trabajar con Giuseppe Chiavaro en su remontaje en Chile, quien hoy regresó a cargo de la reposición de “La muerte del cisne”.

Una segunda oportunidad la tuvimos con el estreno en Chile de “María Antonieta”, en junio de 2024, por el Ballet de Santiago, siempre con el trabajo de escenografía y vestuario del ya desaparecido artista nacional Jorge Gallardo, quien fue responsable de una infinidad de trabajos de Malandain, y esta no fue la excepción.

Todo esto acompañado por la música archiconocida de Camille Saint-Saëns y la iluminación limpia de Jean-Claude Asquié.

Y aquí quiero detenerme.

La pieza fue muy bien bailada por Noella Sánchez, Deborah Oribe y Orlana Scheldegger. Ellas consiguieron darle vida y muerte a este cisne con bellos movimientos, cualidades y un peso corporal muy de tierra, algo muy diferente a lo que acostumbra una bailarina clásica, pero que ellas lograron transmitir y que fue muy lindo descubrir en las tres intérpretes. Vestidas con una simple malla blanca, demostraron toda su corporalidad.

Cada una interpretó la música por separado y, en una cuarta oportunidad, las tres juntas. Y eso justamente me agotó.

Cuatro veces la misma música y, en su cuarta oportunidad, solo tuvieron dos contactos de movimientos, es decir, coincidieron en un movimiento. Tal vez, si hubiera descubierto más contactos coreográficos o si la música hubiera sido interpretada por diferentes instrumentos de cuerda, por ejemplo, violín, viola, violonchelo o contrabajo, y en su cuarta oportunidad todos ellos al unísono, tal vez hubiera sido algo mágico, pero no lo fue.

Solo me repetía en mi cabeza: “Y vamos otra vez con el tema” (perdón por este comentario, pero perdí la magia al volverla a escuchar).

Y eso que las obras de Thierry son muy lindas de bailar.

Luego pasamos a la tercera pieza y, para uno como exbailarín y amante de la técnica, fue una delicia de ver y disfrutar a más no poder. Sin duda, fue el plato de fondo de esta exquisita mesa.

Y fue el estreno en Chile, para mi fortuna, de “The Vertiginous Thrill of Exactitude”, o “La emoción vertiginosa de la exactitud”, de William Forsythe, en reposición de Kathryn Bennetts, con música de Franz Schubert, vestuario de Stephen Galloway e iluminación de Tanja Rühl, recreada por Jim French.

¿Qué puedo decir? Más elevado que mágico, ¡un éxtasis maravilloso!

Ahora bien, tengo que reconocer que siento una enorme admiración por estos bailarines: Katherine Rodríguez, María Lovero, Felipe Arango, Gustavo Echevarría y Ekaterina Breau, entre otros, que son simplemente extraordinarios. Cada vez que he tenido la oportunidad de verlos, no puedo quedar más extasiado con sus capacidades técnicas, físicas, plásticas e interpretativas.

Claro que hubo dos o tres pequeños errores, pero ¿saben? Faltaba poco para pararme de la silla para no perderme nada de nada. Necesitaba mirar sus pies, brazos, torso, sus caras, contar la música. Necesitaba reafirmar lo que siempre he dicho: son bailarines mágicos y un verdadero orgullo tenerlos tan cerca y en esta compañía.

Un vestuario bello, limpio, una iluminación que no oculta nada y un trabajo de primera.

Al terminar la obra, creo que terminé más cansado que ellos, porque al saludar sonreían y yo me preguntaba: ¿cómo lo hicieron?

¡Bravo, bravo y bravo!

Y finalizamos la noche con una producción realizada para el Ballet de Santiago, de la que conocí solo un extracto en la Gala Internacional de la Danza de Providencia 2025, que me dejó muy buena impresión y que luego ganó el Premio del Círculo de Críticos de Arte de Chile 2025.

Se trata de “Bodies of Division”, con coreografía de James Pett y Travis Clausen-Knight, en reposición del maestro y exbailarín del Teatro Municipal de Santiago Cyril de Marval, con música de Max Richter, diseño integral de Loreto Monsalve e iluminación de Ricardo Castro.

Cuando vi por primera vez aquel extracto, interpretado por solo tres o cuatro bailarines, me llamaron la atención los fraseos coreográficos y la musicalidad de una obra interesante y contemporánea, acompañada por la música de Max Richter (2012), basada en una obra muy conocida como Las cuatro estaciones de Vivaldi, compuesta por allá en la década de 1720.

En otras palabras, es interesante ver y apreciar que una compañía clásica o de técnica académica se atreva a dialogar y a sumergirse en lo contemporáneo sin perder su esencia o historia.

A ver, ¿qué se puede decir de esta pieza que no se haya dicho, para no sonar reiterativo con comentarios anteriores…?

Fascinante, tal vez ese sea un buen adjetivo, ya que es una verdadera joya que tiene en sus manos el Ballet de Santiago, donde se luce como compañía, con unos fraseos muy lindos de admirar, un vestuario atractivo y cánones impecables que demuestran el trabajo en equipo de la compañía.

Todo esto habla muy bien del trabajo de ensayo del elenco completo, como también del desempeño de los solistas de la obra, donde se ve el compromiso con su quehacer dancístico.

En resumen, la compañía, en lo que lleva del año, ha demostrado una madurez artística y profesional increíble, que la consolida en un muy buen camino bajo la dirección artística de César Morales, donde han surgido nuevas figuras en el elenco, pero también se valora a los consagrados de la compañía.

Y eso es muy lindo de admirar, porque lo que es hoy la compañía es fruto de un trabajo respetuoso, que da oportunidades y valora a todos esos locos bonitos que hacen de la danza su vida.

«Todos son perlas. Cada uno a su manera, cada uno de una forma diferente».

Pina Bausch, discurso del Premio Kioto, 2007.

Fotografías de Alberto Díaz y Nicolás Quezada