
La noche tiene su propia lógica. Más aún en las grandes ciudades. Y Hong Kong no es la excepción. Una gran forma de captar la personalidad nocturna de una ciudad es el cine de autor, que es capaz de situar personajes y sus historias de un modo que también retraten la ciudad y su ritmo de vida.
“Ángeles Caídos” (1995), cinta dirigida, escrita y producida por el cineasta hongkonés Wong Kar Wai, logra magistralmente, con un singular uso del lenguaje cinematográfico, construir un retrato de la vida nocturna de Hong Kong, de fines del milenio pasado. La complejidad de la tarea la traduce en dos historias paralelas, que finalmente se terminan entrecruzando; tanto porque comparten la ciudad y los barrios, como por el vacío sentimental y existencial que sienten los personajes, que los llevan a compartir los mismos bares, calles y canciones.
Kar Wai, de 68 años, tiene un estilo único, reconocido internacionalmente, que se destaca por su visión poética y el uso expresivo de la cámara, contando con la colaboración habitual del gran director de fotografía australiano Christopher Doyle. Sus otras cintas son “El Fluir de las Lágrimas” (1988), “Días Salvajes” (1990), “Chunking Express” (1994), “Este Contraveneno del Oeste” (1994), “Happy Togheter” (1997), “Deseando Amar” (2000), “2046” (2004), Mis Noches de Arándano” (2007), “El Gran Maestro” (2013) y “La Mano” (2020).
“Ángeles Caídos”, como decíamos, aparte de tener estas cualidades comunes a toda su filmografía; posee un guion complejo, con personajes interesantes, que dan cuenta del nivel de violencia y soledad que posee una ciudad como Hong Kong. El primer grupo de personajes lo conforman el sicario Won Chi-Ming (Leon Lai) y su agente (Michelle Reis). Lo curioso es que llevan una relación comercial de tres años, pero nunca se han visto. La representante le limpia el departamento, le hace las compras y le deja planos de sus próximas víctimas; todo lo cual la va enamorando del asesino, con el cual tiene fantasías eróticas, cuando vuelve a su solitaria morada. Adscrita a este grupo está también la extravagante Blondie (Karen Mok), que se engancha con Won, hasta que éste finalmente conoce a su socia y la abandona.
El segundo grupo de personajes lo conforman el mudo He Zhiwu (Takeshi Kaneshiro), ex convicto, que se dedica a abrir pequeños negocios que ya están cerrados en la noche y vender, muchas veces a la fuerza, sus productos. Conoce a Charlie (Charlie Yeung), una mujer que está tratando de olvidar a su antiguo amor, y se enamora perdidamente de ella, sin ser correspondido. En la escena final, los sobrevivientes de ambos grupos, se encuentran en su soledad y se van en moto a gran velocidad, casi volando. Se produce una chispa entre ellos, al menos una sensación de calidez, como dice uno de ellos.
Toda esta pasión contenida, la violencia explícita y la mirada poética de la ciudad nocturna están notablemente expresadas con un gran trabajo de cámara y un ritmo acelerado. El uso de los primeros planos, la cámara en mano que sigue muy de cerca a los personajes, la utilización del fuera de foco para las escenas desquiciadas, el uso del lente gran angular para aumentar el aislamiento de los personajes, la iluminación cruda del neón, la música de Frankie Chan y Roel A. García son recursos audiovisuales apropiados y certeros para expresar el estado y el mundo interior de estos singulares personajes, que se reflejan y refractan en esta esquizofrénica e inhóspita ciudad; sobre todo de noche, que como dice He “está llena de gente rara”.