
Hay directores que tienen una importante filmografía y que, sin embargo, son poco identificados no sólo por el gran público, sino también por muchos espectadores que se dicen cinéfilos y bien informados.
Uno de ellos es el cineasta estadounidense Paul Schrader y “Mishima” (1985), dirigida y escrita por él, una de sus cintas más interesantes y dignas de ser conocidas; la cual narra la vida del escritor japonés Yukio Mishima (1925-1970), basándose en tres novelas autobiográficas del autor y que le dan el nombre a tres de los cuatros capítulos en que está dividido el filme.
Schrader, de 79 años, se inició en el cine como guionista, con importantes colaboraciones con connotados directores, como Martin Scorsese, que dirigió sus guiones de “Taxi Driver” (1976), “Toro Salvaje” (1980) y “La Última Tentación de Cristo” (1988); con Sidney Pollack en “Yakuza” (1974) y con Peter Weir en “La Costa Mosquito” (1986). Paralelamente fue dirigiendo sus propios guiones, con más de veinte largometrajes hasta la fecha; entre los que destacan “Blue Collar” (1978), “Hardcore” (1979), “American Gigoló” (1980), “El Beso de la Pantera” (1982), “Patty Hearst” (1988), “El Placer de los Extraños” (1990), “Aflicción” (1997), “Autofocus” (2002), “El Caminante” (2007), “Caza Terrorista” (2014), “El Reverendo” (2017), “El Contador de Cartas” (2021) y “El Maestro Jardinero” (2022), entre otros.
Las preocupaciones temáticas más recurrentes en el cine de Schrader son los temas religiosos y morales, la autodestrucción, las dificultades en las relaciones interpersonales y la frustración e insatisfacción sexual de sus personajes.
Y “Mishima” no es la excepción. Después de una infancia muy difícil, producto de su tartamudez y de que fue criado por su estricta abuela (Haruko Kato) y de una juventud en torno a la belleza corporal y el espectáculo, el escritor (Ken Ogata), se concentra en las tradiciones japonesas imperiales, del honor y la purificación samurái; formando su propio Ejército, que se oponía a todo tipo de corrupción y al capitalismo, como expresión de la pérdida de los valores que hicieron grande a su país.
Schrader utiliza para narrar la historia de Mishima saltos temporales, que llevan al espectador a su infancia, adolescencia, juventud y madurez; con un especial énfasis en una cuidada fotografía y un refinado esteticismo, el mismo con el que vivió el autor japonés.
El primer capítulo se denomina Belleza y tiene como subtítulo “El Templo del Pabellón de Oro”, libro que publicó en 1956. En este episodio se muestra la relación de Mishima con la palabra y el mundo; y la aparición rutilante de la belleza en su vida como algo casi insoportable. El segundo capítulo, llamado Arte, tiene como subtítulo “La Casa de Kyoko”, libro de Mishima publicado en 1959; y trata sobre el artificio de la creación y su representación, como un espejo deformante, que refleja el paso del tiempo y el deterioro del cuerpo. Plantea el arte como la manera de conservar la belleza humana que se extingue, como una sombra de las cosas; y al mismo tiempo la poca satisfacción que produce el sexo. Aquí aparece la idea del suicidio como una forma de “estar a la altura de tu belleza”.
La tercera parte, denominada Acción, y subtitulada “Caballos Desbocados”, que corresponde a un libro publicado por Mishima en 1969, habla de la purificación de Japón, a través devolverle el poder al Emperador. Retoma el dogma samurái, que indica que las palabras sin la compañía de la acción son un engaño; para la cual forma un ejército privado, llamado Sociedad del Escudo. En el último capítulo, titulado “Armonía de la Pluma y la Espada”, Mishima intenta concretar su radical filosofía, con un acto al más puro estilo tradicional japonés; y que lo ha transformado en un símbolo de la consecuencia estética y política en el ser humano.