
Quienes forman parte de la esfera cercana a la interpretación de la gran música clásica ya tienen internalizadas aquellas instancias donde se genera y ofrece ese arte al público. Hay temporadas artísticas e incluso lugares específicos en que se sabe que está esa música.
Llama la atención, entonces, encontrarse en ese campo con muy buenos frutos madurados y cosechados en otros ámbitos, en donde esa música podría no ser una prioridad.
Por más de dos décadas la Viña Rita viene organizando los llamados “Conciertos de Estación”. Antes cuatro por año, y ahora (postpandemia) sólo dos, son estos unos muy felices momentos en que esa empresa vitivinícola ofrece un magníficas jornadas musicales en la histórica capilla de su parque de Alto Jjahuel (Buinb). Quienes acuden son de mundos radicalmente opuestos. Por un lado, en horario verpertino, accediendo a invitaciones muy cotizadas, asisten doscientas personas que bien podrían encasillarse como de una élite socioeconómica y cultural, siendo luego agasajados con un buen cóctel. Como si fuera poco, este anfitrión viñatero ofrece traslado gratuito en minibuses a y desde ese lugar al sur de Santiago.
Pero lo más loable de esta iniciativa es que en horario matinal de esos días los mismos artistas - ¡y qué calidad de artistas! – se presentan ante unos trescientos niños de colegios de la zona, quienes en el más distendido de los ánimos no sólo disfrutan del programa que se les ofrece, sino que pueden interrogar a los artistas.
La Facultad de Derecho de la Universidad Católica hace algo parecido. También por décadas viene celebrando su día de aniversario con un concierto que reúne la característica muy especial de incluir repertorios en calidad de exhumación desde el olvido o estrenos absolutos. Cada ocasión convoca recursos (solistas, coro y orquesta) de esa misma universidad, bajo la dirección musical de Felipe Ramos. Acaba de ofrecerse ante un Teatro Oriente repleto (entrada gratuita) el concierto del 138° aniversario con un cargamento de obras absolutamente desconocidas de Carl María con Weber. ¡Un exitazo!
Hay otras manifestaciones como éstas – por supuesto, el Teatro del Lago de Frutillar y las producciones de Merlín Comunicaciones - provenientes desde instituciones académicas y la empresa privada, que este columnista identifica como “los unos”.
En una vereda lejana a las propuestas descritas estarían “los otros”: aquellas entidades, fundaciones o potentes grupos económicos donde esos proyectos no se asoman.
De seguro que en muchos de ellos los recursos económicos sí están como para hacerse presente, incluso habiendo un ánimo decidido de poder hacer cosas. Lo que les falta por agregar son aquellos líderes impetuosos, visionarios e imaginativos que con férrea voluntad y espíritu organizacional transformen ese poder en querer para así avanzar en grandes proyectos y concretarlos. ¿Así de simple…?