Cine
23 de Octubre, 2026

Lo dejamos acá

Por Álvaro Inostroza Bidart

El guion sigue siendo la columna vertebral de una película y un elemento del lenguaje cinematográfico fundamental al momento de analizar una cinta; ya que define la credibilidad y consistencia del desarrollo de la historia y de los personajes; y, finalmente, de su razón de ser y sus objetivos como objeto creativo.

Esto resulta patente en “Lo Dejamos Acá” (2026), cinta dirigida por el cineasta argentino Hernán Golfrid; y que en un principio plantea un tema más que interesante, cual es el de evaluar el real aporte que hace la psicología y sus especialistas a la salud mental de los pacientes y hasta dónde se deben involucrar estos profesionales en cambios reales en los afectados.

Pero luego, el tema se va desdibujando y van surgiendo señales equívocas acerca de la seriedad y verosimilitud de las acciones del protagonista, el psicólogo Ulises Verón (Ricardo Darín); y llega un punto en el que no queda más alternativa que ver el filme como una comedia de humor negro; con el cual el espectador se divirtió más que nada; pero sin una mayor profundidad en el tratamiento del tema. La cinta se rescata principalmente por el nivel interpretativo de los actores que encarnan a los protagonistas. 

Goldfrid, de 47 años, había dirigido anteriormente solo dos largometrajes: “Música en Espera” (2009) y “Tesis sobre un Homicidio” (2013); tal vez esto conspiró para que supiera mantener, durante toda la película, la densidad de la misma, planteada en su inicio. En éste, Verón es galardonado como el psicólogo del año y en su discurso rechaza el premio, porque según él los psicólogos, y él también, no se involucran lo suficiente con sus pacientes como para lograr cambios radicales en sus conductas y aflicciones. Agrega que los terapeutas deben “meter los pies en el barro por sus pacientes”, sin que se entienda mucho que significa esto, lo que se irá aclarando más adelante, al conocer cómo “respalda” a sus beneficiarios.

A continuación, se muestran ejemplos de la especial técnica que desarrolla Verón y que le resulta exitosa en una primera etapa: se acerca al esposo de una paciente, que tiene amantes jóvenes, y lo conmina a separarse; luego acompaña a Florencia (Inés Efrón) a ver a su madre, con la que se lleva pésimo, y le lee una carta que él escribió, con frases de sus sesiones. 

Con posterioridad, una escena que comienza a banalizar el nivel profesional del psicoanalista: participa como experto en un programa de televisión, en el cual, en base a preguntas que llegan, da consejos, con respuestas directas, tajantes y sin mayor conocimiento de los atribulados telespectadores.

En la segunda parte, cambia definitivamente el tono de la cinta, con la aparición del novelista Martín Bouchard (parodiado muy bien por Diego Peretti), el cual tiene un bloqueo creativo y busca la ayuda de Verón. El nivel de implicación y la modalidad de éste para socorrer al escritor es francamente inverosímil para un psicólogo serio, por más comprometido que esté con sus pacientes, desinflándose un poco más la cinta. Queda en la retina lo que le señala su hija Paula (Antonia Bengoechea) a Verón: “tú necesitas más ayuda médica que tus pacientes”. El final, de comedia desopilante, desnuda la intención última del filme: pasar un buen rato, lo que logra a ratos; sobre todo por Darín y Peretti.