
En forma paralela a su extensa temporada oficial de una veintena de fechas la Orquesta Sinfónica Nacional ha dispuesto un ciclo más breve de cuatro “Conciertos Familiares”. Su principal característica ha sido la entrega de un repertorio de piezas de imbatible gusto masivo, su breve duración, de poco más de una hora (sin intermedio), y, acaso lo más singular, la inclusión de un actor-narrador que va presentando cada una de las obras dentro de un relato global unificador.
En anteriores comentarios sobre estos conciertos este columnista ha elogiado el total acierto de la fórmula, por su gran idea de proyecto formador de audiencias.
El más reciente de estos “Conciertos Familiares” tomó un rumbo desconcertante y confuso, por cuanto la música enfiló por un lado y las narraciones intercaladas del actor (Francisco Melo) fueron por otro, sin que hubiera una lógica conexión en sus contenidos. Ese paralelismo temático se dio en toda la jornada, con una conjunción final algo forzada.
Bajo el título de “Danzas Fantásticas” la Sinfónica interpretó una serie de célebres piezas no necesariamente del ámbito del ballet, pero sí muy acompasadas en su ritmo. La agrupación recibió por vez primera como director invitado a Giovanni Panella, italiano radicado en Buenos Aires, que está teniendo una creciente actividad en Chile.
La selección musical fue muy afín al nombre asignado al programa, pues transitó por Danzas Húngaras de Brahms, Danzas Eslavas de Dvorak, el infaltable vals El Danubio Azul de Strauss, las Danzas Polovetsianas de Borodin, la Barcarola de Offenbach y algunas partes de la Suite Latinoamericana de Luis Advis.
En la introducción al concierto y entre cada una de las piezas señaladas participó Melo caracterizado como un veterano profesor de botánica que contaba episodios de exploraciones y descubrimientos por el sur de Chile.
Sus intervenciones fueron aludiendo, una y otra vez, con un dejo de majade-ría, al encuentro con múltiples especies de nuestra flora mas curiosa, citando sus nombres comunes y también los científicos en latín. La desconexión de esas narraciones con la música que se iba interpretando fue total, generando así la sensación de que se estaba ante un concierto sin- . fónico interrumpido por una clase de : botanica o lo contrario, una clase de botánica interrumpida por un con-:
cierto sinfónica. Sin duda, fue una experiencia rara.
Por fortuna, en lo musical ciertamente se escuchó música muy atractiva y taquillera, comandada por una batuta que cada vez gana mejor puntaje en Chile. Un hecho interesante por destacar es que Panella consiguió muy buen sonido global, favoreciendo el de los instrumentos de cuerda más cercanos a la audiencia, sección orquestal a la que en muchas ocasiones la respuesta acústica de Sala Sinfónica Nacional pareciera postergar.