Cine
10 de Julio, 2026

La Ciénaga

Por Álvaro Inostroza Bidart

La pequeña burguesía replica en la vida en provincia, a menor escala, los mismos defectos y taras que manifiesta esta clase social en las grandes ciudades.

Esta podría ser una conclusión de “La Ciénaga” (2001), cinta dirigida y escrita por la cineasta argentina Lucrecia Martel; que retrata la decadencia y la despreocupación de dos familias que viven en la provincia de Salta, en el norte de Argentina; principalmente a través de la relación entre sus líderes mujeres, Tali (Mercedes Morán) y su prima, Mecha (Graciela Borges); con un rol secundario de sus esposos y una cantidad impresionante de hijos menores y adolescentes que pululan en torno a ellas.

Martel, de 59 años, ha dirigido además quince cortometrajes, tres series de televisión y cuatro largometrajes: “La Niña Santa” (2004), “La Mujer Sin Cabeza” (2008), “Zama” (2017) y el documental “Nuestra Tierra” (2025); que la han posicionado como una de las directoras más importantes de Latinoamérica; con un estilo muy particular, consistente en una cuidada fotografía y una cámara escudriñadora, que se cuela en los ambientes y en las expresiones de sus personajes, generalmente poco corrientes y desequilibrados.

En “La Ciénaga”, su ópera prima, se encuentran algunos de estos elementos característicos de su cine. Si bien Tali y Mecha no son personajes marginales, son personajes fuertes, singulares y problemáticos; sobre todo Mecha, que es alcohólica y depresiva. Tali, por su parte, es bastante hacendosa; pero muy permisiva con su prima y ambas bastante irresponsables con la educación de sus hijos, que deambulan entre ellas, escuchando todas sus conversaciones y presenciando sus irresponsables actos.

La primera escena del filme es notable en este sentido. Mecha y su esposo Gregorio (Martín Adjemián) se encuentran en torno a la piscina, ebrios y rodeados de sus hijos. La cámara muestra medios cuerpos y detalles de sus gestos e intemperancia, hasta que Mecha sufre una caída accidental, con cortes en brazos y pecho. Esta lograda escena permitirá al espectador formarse rápidamente una imagen de esta disfuncional familia, en que ambos progenitores son alcohólicos y padres irresponsables.

Los niños y adolescentes, entre los cuales destacan José (Juan Cruz Bordeu) y Momi (Sofía Bertolotto) por su liderazgo y rol dentro de la película, son testigos de todo lo que ocurre, como si estos hechos fueran absolutamente normales: la embriaguez de sus padres, los accidentes y peleas y los desamores e infidelidades. Capítulo aparte merece Isabel (Andrea López), una joven sirvienta que es como parte de la familia; al parecer muy común en el campo latinoamericano; por la cual pelean en una fiesta popular su novio, el Perro (Fabio Villafane) y el joven José, como si fuera algo corriente. Al igual el hecho de que los pequeños de ambas familias lleven una vida salvaje en los cerros aledaños, cazando con escopetas y machetes, con el peligro que eso conlleva.

Como telón de fondo, la televisión, que está siempre encendida, transmite una supuesta aparición de la Virgen, en una casa de escasos recursos; sin que tampoco se plantee como algo realmente extraordinario y cuya “existencia” no soluciona los problemas de la gente, cualquiera sea su condición social.