Cine
30 de Octubre, 2026

Junk

Por Álvaro Inostroza Bidart

Las historias de amistad han sido siempre una fructífera veta en el cine de autor. Más aún, si esa relación se produce entre dos jóvenes con problemas de adaptación, la historia estará más llena de dificultades y ripios, que no siempre terminan de la mejor manera.

Esta podría ser una lectura de “Junk” (2026), cinta dirigida y escrita por el cineasta estadounidense Jack Begert, que relata la historia de Karla (Talia Ryder) y AJ (Dominic Fike), dos amigos que luchan por salir adelante, ambos con desilusiones sentimentales, violencia, consumo de drogas y con la dificultad de insertarse laboralmente en una despiadada gran ciudad, como es Los Ángeles, California.

Begert, con una amplia trayectoria como director de videos musicales, entre 2015 y la actualidad; realizó en 2019 un cortometraje titulado “La Pequeña Muerte”. En 2024, lo transformó en su primer largometraje: “Pequeña Muerte”, con los mismos actores y actrices y personajes de “Junk”, versión definitiva de aquella historia que dio origen al cortometraje.

Allí, aparte del relato de los dos amigos, existe otra trama, que pareciera no tener relación con aquel: la historia de Martin Solomon (David Schwimmer) un guionista de una exitosa serie de televisión, que quiere ser escritor y dirigir su propia película; y que busca financiamiento para su proyecto, del cual no se encuentra absolutamente seguro. Este guion, autobiográfico, es resistido por los productores, quienes le sugieren cambiarle el género al protagonista; por lo cual se imagina a sí mismo como mujer (Gaby Hoffmann), un buen rato de la película. Además, está pasando una crisis matrimonial con su esposa, Jessica (Jena Malone); lo que lo lleva a tener sueños con una mujer idealizada (Ángela Sarafyan), que sería la actriz de su anhelada película.

Karla y AJ, en el comienzo de la cinta, se involucran en un robo a una casa; que, recién pasada la primera mitad de la película, nos enteramos que es el domicilio de Solomon, conectándose de este modo ambas historias. La pérdida del auto de Karla (que está de cumpleaños), de sus billeteras y celulares y de la mochila de AJ (donde tiene una presentación laboral para el día siguiente) se transforman en los motivos para su largo y azaroso periplo nocturno por la ciudad, acompañados por un perro chihuahua. Allí se reunirán primero con Greg (Sante Bentivoglio), que les presentó a los asaltantes y luego con Grady (Karl Glusman), que se supone que tiene ascendiente sobre ellos, para poder recuperar sus cosas.

Todas estas horas de vigilia de los tres protagonistas, oscilan entre la tensión psicopática, el vacío post moderno (muy bien representado por un cuadro absolutamente blanco que aparece varias veces), la depresión, la adicción a las drogas, la baja autovaloración, la desgracia, la exasperación, la pelea, el reencuentro y una posible salida, que pasa por la desintoxicación y la prevalencia de la amistad.

Todo esto que se ve desordenado y caótico, está muy bien presentado por Begert. Tanto el desarrollo narrativo de ambas historias como la progresión dramática de la relación entre Karla y AJ; y paralelamente de Solomon, los tres con crisis existenciales que deben enfrentar y resolver; pero con desigual suerte, producto de la generosidad y el egoísmo, respectivamente.