
Hay directores y movimientos fundamentales en el desarrollo del cine de autor. Entre estos grupos se encuentra sin lugar a dudas la Nueva Ola francesa y entre sus integrantes el cineasta Francois Truffaut es uno de los más influyentes en la historia del séptimo arte, junto a Jean-Luc Godard. Otros directores fundamentales de esta agrupación fueron Claude Chabrol, Eric Rohmer, Agnes Varda y Alain Resnais.
“Jules y Jim” (1962) fue el tercer largometraje de Truffaut y uno de los más logrados y originales. Dirigida, escrita y producida por Truffaut, está inspirada en la novela homónima del escritor francés Henri-Pierre Roché. Relata la vida de dos amigos escritores, el alemán Jules (Oskar Werner) y el francés Jim (Henri Serre); antes, durante y luego de la Primera Guerra Mundial; y su relación triangular con la cautivante Catherine (Jeanne Moreau), que nunca quiso resignarse a una relación de pareja tradicional.
Truffaut (1932-1981) dirigió más de veinte largometrajes; entre los cuales destacan además “Los 400 Golpes” (1959), “Disparen sobre el Pianista” (1960), “Fahrenheit 451” (1966), “Las Dos Inglesas y el Continente” (1971), “La Noche Americana” (1973), “El Diario de Adele H” (1975), “Piel Dura” (1976), “El Amor en Fuga” (1979), “El Último Metro” (1980) y “La Mujer de al Lado” (1981), cintas que se caracterizan por la pasión con la que viven sus personajes y sus preocupaciones sociales y estéticas; y por un estilo de filmación desenfadado y aparentemente espontáneo, paralelo y correlativo con el modo de vida de los protagonistas de sus filmes.
En “Jules y Jim” esta marca de lenguaje cinematográfico alcanza un nivel magistral. Con un narrador en off y el uso acertado de la música, la cinta, con un ritmo arrollador, nos muestra primero el nacimiento de la intensa amistad de Jules y Jim en París, antes de la Gran Guerra; posible gracias al carácter abierto de ambos y al francés casi perfecto de Jules. Pasaban todo el día juntos conversando y conquistando mujeres, que compartían sin problemas; todo registrado con una escrutadora y acertada cámara en mano.
Una clave y hermosa escena es cuando ven una escultura de una mujer, que les provoca una enorme atracción; ya que luego conocerán a Catherine, que les recordará profundamente a esa estatua. Desde el comienzo, la relación entre los tres será única y vehemente; lo cual se expresa con acierto en la escena en que hacen una loca carrera por un puente, “para quemar las mentiras”.
Luego, vendrá la época de mayor felicidad para los tres. La playa, el matrimonio de Jules y Catherine, lo cual no impidió la cercanía entre todos. Una muestra del indomable carácter de aquella es cuando se tira al río Sena, ante la insoportable conversación machista de los amigos; adelanto del desaforado desenlace del filme.
Una etapa fundamental de la película es la relativa a la Primera Guerra Mundial, en que los amigos pelean en bandos opuestos, con el temor de matarse mutuamente; y con imágenes espeluznantes del conflicto bélico. Luego de su término, Jim visita al matrimonio en su casa en los Alpes alemanes, que tiene a una pequeña hija, Sabine. Los amigos hablan del oficio de escribir y de la crisis de la pareja, los puntos centrales de esta hermosa película. Aquí se hace una referencia explícita al libro “Las Afinidades Electivas” de Goethe, cuyo ejemplar pasa de mano en mano, entre los tres protagonistas.
En esta parte final del filme, el triángulo llega a su parte más álgida, ya que Jules aceptar compartir a Catherine, con tal de no perderla; y ante su lúcida visión de que ésta siempre rechazará la hipocresía, y de que entregará su vida, con tal de inventar eternamente el amor.