
La inauguración de la 87° Temporada Artística de la Universidad Técnica Federico Santa María (USM), como es tradicional, nuevamente contó con la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile junto al Coro Sinfónico de la Universidad de Chile.
Cabe señalar que esta temporada es de las más antiguas del país, con una continuidad sólo interrumpida durante dos años en pandemia. Y huelga referirse a los pergaminos de la buena calidad de espectáculos ofrecidos del ámbito culto y popular a lo largo de su historia. Así, del todo pertinente resaltar la histórica presencia de la Sinfónica desde sus inicios, por muchos años repitiendo casi la totalidad de su temporada oficial de Santiago en su magnífica Aula Magna en Valparaíso, cuyas bondades acústicas (quizás, la mejor de Chile) y grato emplazamiento frente al mar provee un plus de goce estético…
Del todo pertinente destacar en la presente Temporada Artística una parrilla programática alineada a su octogenaria tradición, con un celebrado ecléctico criterio de una buena presencia de orquestas, ensembles y solistas nacionales e internacionales. Sólo instar a una mayor presencia de la Sinfónica Nacional (sólo en dos ocasiones…), y recuperar así la tradición de antaño con no menos de cinco programas de importante nivel.
En esta oportunidad, a diferencia del año pasado, el concierto inaugural -con gran afluencia de público- no estuvo dirigido por el maestro titular, Rodolfo Saglimbeni (QEPD), de imborrable recuerdo y quien ofreciera en dicha oportunidad su última actuación en la USM… con una impactante Gran Misa en do menor de W.A. Mozart, convocándose, como invitada, a la maestra brasileña Simone Menezes, de interesante trayectoria en Latinoamérica y Europa.
El programa -de cicatera duración, con menos de 60 minutos de música- consultó tres significativas obras del pre y post impresionismo francés. Abrió con el binomio “D'un matin de printemps” (“De una mañana de primavera”) y “D’un soir triste” (“De una tarde triste”), de la talentosa compositora francesa Lili Boulanger (1893-1918). Estéticamente inscritas en un post impresionismo, disponen de una batería de recursos orquestales de atractivas texturas, transparencias y colorido, amén de una desgarradora fuerza expresiva especialmente en D’un soir triste, brindando un atractivo contraste a lo luminoso de D'un matin de printemps.
No del todo convincente el abordaje interpretativo de la maestra Menezes, de monocorde y grueso enfoque, asimismo, carente de transparencias y matices, no obstante, un buen ensamble de los sinfónicos. Sólo destacar la progresión dramática en D’un soir triste, con el interpelante carácter requerido.
Y con una obra ad-hoc a la cercanía de Semana Santa, se incluyó el Réquiem de Gabriel Fauré, largamente ausente en la zona. Sin duda es una de las más hermosas composiciones religiosas de todos los tiempos, que, en vez de cantar a la angustia de la muerte, lo hace en su más genuino sentido de serenidad. Prueba de ello es la omisión del Dies Irae, aviniéndose ampliamente (hoy) a un espíritu de necesaria paz interior para los convulsos tiempos que corren…
De fino carácter (siendo Faure un genuino pre-impresionista), demanda completa claridad de las líneas melódicas en función de diáfanas texturas y colores confiadas al orgánico instrumental y coral, como a las voces solistas, en sí muy expuestas.
La versión firmada por la maestra Menezes no acertó en estilo y carácter, imprimiéndose una densidad sonora pesante y abigarrada, ausencia de dinámicas y matices, denotando falta de conexión con la obra... Profesional entrega de la orquesta y coro, asimismo una idiomática participación solística de Tabita Martínez (estupenda entrega del entrañable Pie Jesu), aunque fuera de estilo Francisco Sandoval (de importante material vocal) en el vigoroso Hostias et preces tibi, del Ofertorio, quizás ante una inadecuada indicación en carácter de la batuta.
En suma, una interesante inauguración de la Temporada Artística de la USM con obras poco frecuentadas obras en la Región de Valparaíso.
