
Continuando con la excelente temporada de abono de la Filarmónica de Santiago en el Teatro Municipal capitalino, el tercer programa llegó con la Tercera Sinfonía de Gustav Mahler, y nuevamente con la dirección de su titular, Paolo Bortolameolli.
Cabe resaltar los pergaminos mahlerianos de Bortolameolli, siendo el único director chileno que ha dirigido en distintos países todas las sinfonías del gran compositor bohemio-austríaco, ofreciendo por primera vez en Chile esta magnífica obra, después de quince años de ausencia en la Filarmónica.
De fuertes complejidades musicales e intelectuales, más exigentes requerimientos técnicos, esta sinfonía obedece a una suerte de visión panteísta en lo intelectual, aunque un tanto caleidoscópica en lo musical dada la heterogeneidad de sus temáticas, aunque bien resuelta como orgánico. Títulos como “Pan despierta; llega el verano”, en el primer movimiento, “lo que me cuentan las flores en la pradera”, del segundo, “lo que me cuentan los animales del bosque”, del tercero, “lo que me cuenta el hombre”, del cuarto, “lo que me cuentan los ángeles”, del quinto y “lo que me cuenta el amor”, del sexto, hilvanan un contenido de atractivo relato, servido de una amplia batería de recursos musicales magníficamente dispuestos, como el uso de motivos recurrentes en varios movimientos, especialmente en esbozos del primero y bien desarrollados en el último, amén de una amplia variedad rítmica, tímbrica y colorìstica.
La versión firmada por Bortolameolli tuvo méritos de una certera visión del todo, imprimiéndole empático carácter a cada movimiento y con natural fluidez transitiva entre los individuales mundos de cada sección -en sí, muy bien correlacionados-, logrando certera organicidad.
Sin duda, Bortolameolli demostró comodidad en el abordaje de esta compleja obra, con logros mayúsculos en transparencias, colores, dinámicas más un soberbio manejo del rubato en los movimientos segundo y tercero; asimismo, una perfecta conjunción con la solista en el cuarto, sumado a una desgarradora exposición del último movimiento, llevando al numeroso público asistente (ciento por ciento de las aposentadurías del Municipal) a un literal estado de paroxismo…
No obstante estos logros, no fue acertada la excesiva presencia femenina en el coro de niños, no dándose el debido contraste tímbrico entre el coro de niños propiamente tal con las voces femeninas adultas, obteniéndose una extemporánea homogenización. A la vez, con correcta vocalidad de Evelyn Ramírez como solista en el lied del cuarto movimiento (con texto del Zarathustra de Nietsche), empero, se la vio algo hiperbólica en su expresividad, acentuando frases fuera de estilo al requerirse un carácter, ora contenido, ora muy expresivo, pero de ninguna manera destemplado…
La Filarmónica, atenta y profesional, obteniendo buen ajuste general y esmaltado sonido. Con oficio la sección femenina del Coro Profesional del Teatro Municipal de Santiago, y con corrección el Coro de niños y niñas Mawünko (casi todas “niñas”), dirigido por Cecilia Barrientos.
En suma, una importante versión de la Tercera Sinfonía de Mahler, y sin duda de gran impacto en el numeroso y devoto público mahleriano congregado…