
Bastante esquivas para mostrase en nuestra actividad musical son las oportunidades que favorezcan a las obras sinfónico-corales de Felix Mendelsson. Así, “Elías”, lo más representativo de su legado en ese ámbito, acaba de llegar a la temporada de la Orquesta Sinfónica Nacional después de una ausencia de diecisiete años. Fue demasiado tiempo.
La interpretación de este oratorio tamaño XL fue programada en una jornada que celebró el primer año de operaciones de la espléndida Sala Sinfónica Nacional, sede de las actividades de esa agrupación. Hubo un agregado que incluyó la entonación del Himno de la U. de Chile, tres discursos y una impactante intervención sonoro-lumínica del recinto a modo de obertura, con lo cual el evento se extendió por tres horas.
El escaso desarrollo narrativo de “Elías” despliega textos algos redundantes, sumándose una musicalización más llana que la de los oratorios barrocos, donde la intercalación de recitativos confiere mayores relieves al hilo de la exposición. Con ello, su larga parte inicial tiende a percibirse lata, mientras no lleguen los momentos finales de la primera parte, que coronan la sección con un sentidísimo arioso de mezzosoprano, una inesperada voz infantil y el coro “Gracias a Dios”, de máximo júbilo exultante.
En la jornada que se comenta esa mitad inicial de la interpretación ya dejó cosas muy claras. Y buenas. Se estaba ante un servicio de primer orden, comandado por una solemne batuta de Helmuth Reichel, cuya seguridad y compromiso conductual hilvanó con entera perfección las múltiples partes (42) que conforman una obra que pareció no tener interrupciones. Así también, en el cuarteto de cantantes solistas se tenía una selección de lujo, en la que el barítono Cristian Senn (Elías) descolló con una entrega total, plena de expresividad en su agotador protagonismo mayor. La contralto brasileña Carolina Faría impactó con su canto de magníficos graves, de esos que no se oyen muy a menudo.
Tras el intermedio, la más breve segunda parte comenzó exhibiendo a la soprano Pilar Garrido en un extenso solo en que lució un material vocal con mucha fuerza y agudos notables. También llegaron los grandes momentos para que Gonzalo Quinchahual confirmara por qué está en tan alta posición entre los tenores chilenos. Nuevamente, claro está, hubo oportunidades para que un sentido y profundo canto de Faría renovara los aprecios en la audiencia y para que Senn ascendiera aún más en su relevancia artística.
Como en todo oratorio, el canto colectivo de una agrupación coral es pieza obligada, y en tal sentido “Elías” no se queda atrás, disponiéndole una considerable cantidad de números. El Coro Sinfónico de la U. de Chile se anotó un nuevo y altísimo punto, sumando ya media docena de abordajes de calado gigante en la sala cumpleañera.