
Después de haberse presentado por última vez en forma de concierto (2022) desafiando con temor la salida de la pandemia, “La Bohème” de Puccini ha vuelto con todo al Teatro Municipal de Santiago, siendo presentada con dos elencos. Gran triunfo.
El regreso muestra una producción cuyo rasgo muy especial lo constituye la presencia de grandes artistas chilenos cubriendo importantes obligaciones: Yaritza Véliz (Mimí, en primer elenco)), Paolo Bortolameolli (dirección musical) y Cristina Gallardo-Domas (regie). Sólo estos dos cruzando de un elenco a otro.
Altísimo interés existía por conocer el debut de esta última en la dirección escénica; recuérdese que ella fue una gran Mimí de proyección internacional en tiempos recientes. Presenciado el estreno, puede señalarse que ella está haciendo un magnífico trabajo, muy novedoso al ofrecer constantes miradas cargadas de una teatralidad bastante ampliada, nunca antes vista en esta popular ópera. Estas podrán gustar o no, porque ofrece a mayor innovación radica en la presencia de algunos personajes (Mimí, Benoit y Musetta) antes de los momentos precisos que dispone el libreto. Así, como mayor ejemplo, señálese que en el primer acto, en la buhardilla de los bohemios, el diseño espacial está expandido hacia las afueras y muestra a Mimí costureando tras una ventana e incluso atendiendo a una clienta. Con ello, su aparición, si bien causa sorpresa a Rodolfo, no lo hace de la misma manera con el público, que ya la ha visto bordar, vender y descender por una escala. Algo parecido sucede con Benoit y Musetta, a quienes el público observa antes de su irrupción oficial en escena. La régie se desarrolla fluida y afianzando el drama, con un cambio espacial entre los dos actos iniciales a telón abierto, que podría no mostrase, pero que en verdad aporta magia y enriquece las dimensiones del desarrollo de la acción, con los amantes alejándose, jurándose intenso amor. La tan anunciada del mismísimo Giacomo Puccini en escena – ¿? - no alcanza a ser un elemento de significativo aporte, ya que sus apariciones tan breves, solapadas (arrinconadas), casi de temerosas ojeadas entre tanta penumbra, casi pasan desapercibidas.
En lo musical esta “Bohème” se las trae, con una Yaritza Veliz que encabeza el primer elenco de modo colosal, dominando su rol en todas sus aristas. Con gran voz y una expresividad que no tiene límites esta soprano logra infundir hondas emociones en sus arias; la segunda la deja en la cima, aún cuando se echan de menos matices que evidencien fragilidad de salud. Debe lamentarse que Michael McDermott (Rodolfo) no esté ni a su altura ni del resto del lenco, no por sus condiciones vocales, que las posee de sobra; su problema radica en la proyección de un volumen muy limitado, que lleva a imaginar un mejor desempeño en otros repertorios. En primera oposición a esa merma está Germán Enrique Alcántara (Marcelo), un barítono de vozarrón impresionante, que tiene que acompañar a este tenor en importantes pasajes…¡y vaya como lo empequeñece! Lo mismo sucede en el dúo Rodolfo-Mimí del tercer acto, que ella domina de un modo aplastante.
La soprano Camila Romero (Musetta) luce una voz que se aviene en completa propiedad con lo aparatoso de su gran aria (Vals), pero se torna incisivo y algo estridente en otros pasajes.
Javier Weibel (Shaunard) y Matías Moncada (Colline) abordan con entera excelencia sus importantes roles, destacando éste en su aria final del abrigo colmada de sentimiento.
El Coro del Teatro Municipal y el coro de niños contribuyen con su tan bien logrado y sonoro canto al éxito de este montaje. Punto aparte lo constituye la dirección musical de Paolo Bortolameolli frente a la Filarmónica de Santiago. Al igual que en sus recientes “Madama Butterfly”, “Salomé” y varias actuaciones de tipo sinfónico, su batuta deja traslucir una preparación microscópica, pródiga en fuerza, detalles, equilibrios y matices.
Grande esta nueva producción de “La Bohème” en que brilla tanto el talento de artistas chilenos.