Cine
09 de Enero, 2026

El tango del viudo y su espejo deformante

Por Álvaro Inostroza Bidart

Se agradece que a través de las plataformas podamos ponernos al día con algunas de las primeras películas del gran cineasta chileno Raúl Ruiz; que, luego del Golpe de Estado de 1973, partió al exilio radicándose definitivamente en Francia, desde donde volvió periódicamente a Chile, para hacer cintas sobre la identidad nacional, la cual nunca quiso ni pudo abandonar.

En este caso se trata de la obra terminada “El Tango del Viudo” (1967), que en su momento quedó inacabada y que en 2010 terminó su esposa, la cineasta Valeria Sarmiento, y que le agregó un apellido al nombre original, producto de su intervención, tanto en la dirección como en el guion de esta versión definitiva.

Ruiz (1941-2011) realizó varios largometrajes en Chile, antes de partir a la diáspora: “Tres Tristes Tigres” (1968), “La Colonia Penal” (1970), “Nadie Dijo Nada” (1971), “¿Qué Hacer?” (1972), “La Expropiación” (1972), “El Realismo Socialista” (1973) y “Palomita Blanca” (1973), que lo instalaron, ya en esa época, como un realizador único, con un estilo que mezcla el humor negro con el absurdo y el surrealismo, y que le permite dar cuenta acertadamente de la idiosincrasia nacional, que se expresa tan bien en el lenguaje oblicuo y retórico del chileno, que tanto gustaba a Ruiz.

Estas marcas de estilo ya están presentes en “El Tango del Viudo”, con un guion desaforado e hilarante, basado en la novela “El Fantasma y la Señora Muir” de Daphne du Maurier. El protagonista (Rubén Sotoconil) acaba de quedar viudo por el suicidio de su esposa (Claudia Paz), la que se transforma en un fantasma que persigue a su marido; el cual se obsesiona a tal nivel, que comienza a tener alucinaciones y problemas de personalidad, llegando a ver al Diablo (Alonso Venegas). Junto a su sobrino (Luis Vilches), se ganan la vida destilando alcohol. Por otro lado, reciben habitualmente la visita de una extraña pareja, conformada por Silva (Luis Alarcón) y Ana (Delfina Guzmán); y coquetea con una nueva mujer, Lola (Shenda Román).

Como será siempre en la filmografía de Ruiz, la música, a cargo de Jorge Arriagada, será fundamental; al igual que la fotografía de Diego Bonacina; y el montaje, de sonido e imagen, de Galut Alarcón, en la versión final de 2020.

Para caracterizar el nivel de esquizofrenia que alcanza en un momento el viudo, en varias escenas la película rueda hacia atrás; con la consiguiente repetición al revés de las situaciones y con diálogos inentendibles, que se mezclan con otros normales, con efectos que recrean la locura.

La verdad, no sabemos cuánto de esta versión terminada corresponde a Sarmiento y cuánto a Ruiz, sobre todo en lo que respecta al montaje y guion; pero sin duda están presentes todos los elementos característicos del cine de Ruiz, que lo hacen uno de los cineastas más originales de la historia del cine mundial.