Cine
24 de Abril, 2026

El Globo Blanco

Por Álvaro Inostroza Bidart

La infancia y la magia e inocencia de los pequeños son una fuente de inspiración permanente e inagotable en el cine de todas las culturas, desde sus orígenes, hace más de ciento treinta años.

La frescura de sus miradas y sus gestos, su credulidad hacia los cuentos de los adultos (que muchas veces ocultan oscuras intenciones) y su generosidad sin límites; que logran captar y registrar algunas grandes películas, hacen creer aún en la condición humana al espectador sensible y a aquellos que todavía atesoran el alma de niño en algún lugar preponderante de su espíritu. 

Esto queda de manifiesto en “El Globo Blanco” (1995), cinta dirigida, editada y con diseño de producción del cineasta iraní Jafar Panahi, quien coescribió el guion con su maestro, el también cineasta iraní Abbas Kiarostami; en lo que fue la ópera prima de Panahi y que de inmediato lo posicionó como un realizador agudo y sensible; y capaz de construir filmes de primer nivel, con escaso presupuesto y profundamente arraigados en su cultura.

Con posterioridad, Panahi, de 65 años, ha desarrollado una filmografía fundamental, no sólo en el mundo árabe; sino también a nivel planetario. Cintas como “El Espejo” (1997), “El Círculo” (2000), “Crimson Gold” (2003), “Fuera de Juego” (2006), “Esto no es una Película (2011), “Pardeh” (2013), “Taxi Teherán” (2015), “Tres Camas” (2018), “Los Osos no Existen” (2022) y “Un Simple Accidente” (2025) lo colocan en el primer plano del cine de autor; a pesar de todas las dificultades que ha tenido en su país, por denunciar las condiciones políticas y de vida, que sufren muchos ciudadanos, especialmente las mujeres; temas que aparecen comúnmente en sus premiados filmes.

En “El Globo Blanco”, como decíamos, la cámara se concentra en mostrar la inocencia e inteligencia de una niña iraní de siete años, Razieh (Aida Mohammadkhani), que vive en Teherán, junto a sus padres y a su hermano Ali (Mohsen Fafili), en los días previos al Año Nuevo. Su obsesión es comprar un pez dorado en el mercado, ya que los que viven en la fuente de su patio los encuentra muy pequeños y delgados; todo lo cual lo expresa con una gracia irrefutable, que termina convenciendo a su madre (Freshteh Sadre Orafaiy) para pasarle un billete del cual debía traer un importante vuelto, reservado para la celebración de las fiestas.

Como niña curiosa, se entretendrá en el camino y le pasarán todo tipo de peripecias con el famoso billete, oscilando entre el llanto, la preocupación y el alivio final, gracias a la solidaridad y ayuda de su leal y cariñoso hermano, de una anciana, de un encantador de serpientes, del dueño de la tienda de mascotas y finalmente de un joven vendedor de globos afgano (de ahí el nombre de la cinta, ya que le queda sólo un globo blanco por vender). En esta galería de personajes con que se encuentra, llama la atención un soldado que está haciendo el servicio militar (Mohammad Shahani), que se acerca a ella, al parecer sólo por interés en el billete, por lo cual no logra convencer del todo de sus intenciones ni a los hermanos ni al espectador.