
Una historia de amor platónico llevada al cine, que transmita la melancolía y la carga poética implícita, requiere de una sensibilidad audiovisual única y apropiada, que pocos directores poseen.
“Deseando Amar” (2000), cinta dirigida, escrita y producida por el cineasta chino Wong Kar-wai; no sólo está a la altura del desafío, sino que debe ser una de las expresiones más altas del cine cuyo objetivo central es enfrentar al espectador a una intensa, pero contenida, historia de amor; que no llega a concretarse, por consideraciones morales de los protagonistas.
Kar-wai, de 67 años, considerado uno de los directores chinos más importantes de la actualidad, ha dirigido además otros diez largometrajes: “El Fluir de las Lágrimas” (1988), “Días Salvajes” (1990), “Chungking Express” (1994), “Este Contraveneno del Oeste” (1994), “Ángeles Caídos” (1995), “Felices Siempre” (1997), “2046” (2004), “Mis Noches Blueberry” (2007), “El Gran Maestro” (2013) y “La Mano” (2020), cuya principal característica es precisamente la sutileza expresiva y una mirada poética sobre los acontecimientos que le ocurren a sus personajes.
En “Deseando Amar” esta marca de estilo está llevada a la maestría del lenguaje cinematográfico. La historia tiene cuatro momentos. El primero, y más prolongado, ocurre en Hong Kong en 1962; cuando la señora Chan (Maggie Cheung) llega a arrendar una habitación en el departamento de la señora Suen (Rebbeca Pan) y a los minutos alquila también una habitación el señor Chow (Tony Leung), en el departamento contiguo, del señor Koo (Man-Lei Chan).
Tanto la señora Chan como el señor Chow son casados, pero sus cónyuges casi nunca están en casa; por lo cual Kar-wai no los muestra en cámara y son solamente voces en off; con lo cual se remarca adecuadamente su poca presencia en sus matrimonios; y también en las múltiples actividades sociales que siempre tienen los propietarios de los departamentos en que viven, que son muy amigos entre ellos, principalmente el juego del mahjong y cenas compartidas y regadas.
Todo esto, el director lo muestra al espectador con una cámara inquisitiva y cómplice. Por momentos es movediza y sigue a los personajes; y luego se queda fija, y los protagonistas salen y entran de cuadro, hasta el momento en que se encuentran en sus vidas, a pesar de su compostura en las jornadas iniciales. El otro recurso utilizado por Kar-wai con notable acierto es la elipsis, saltándose los escarceos entre Chan y Chow; ya que tienen una relación sentimental soterrada, sin contacto físico.
Esto cambia cuando comienzan a sospechar que sus respectivas parejas son amantes entre ellas, a pesar de que nunca los encaran y de que deciden no involucrarse físicamente, a pesar de estar enamorados, para no cometer el mismo error que sus esposos y “ser como ellos”; lo que logran con gran dificultad y sufrimiento.
El final de esta historia circular, un amor trágico que nuca se consuma, se produce en Hong Kong en 1966, luego de estadías de Chow en Singapur y Camboya, tratando de olvidar a Chan poniendo espacio de por medio, pero eso resulta imposible, expresado visualmente con una melancolía punzante y triste. El sonido, ya sean los boleros interpretados por Nat King Cole o la música de Michael Galasso y Shigeru Umebayashi, cargan aún más las imágenes de este sentimiento, poderoso y magnífico.