Cine
25 de Septiembre, 2026

Denominación de Origen

Por Álvaro Inostroza Bidart

El límite entre largometraje documental y de ficción se rompe cuando el cineasta y su equipo se involucran en el proceso que se está registrando, que a veces puede durar años, y que tiene un resultado incierto y no predeterminado por un guion. 

Si a esto se le suma la participación de actores y actrices no profesionales para crear personajes ficticios, que incidirán directamente en la realidad narrada, el resultado es un híbrido; que da cuenta adecuadamente de la complejidad del mundo actual, afectado por internet, redes sociales e inteligencia artificial; y que implica el enfrentamiento del ser humano a diversas manifestaciones del tiempo y su registro.

Buena parte de esta nueva forma de construir cine se aprecia en “Denominación de Origen” (2024), cinta dirigida, escrita, producida y editada por el cineasta y músico chileno Tomás Alzamora; que registra la disputa existente entre Chillán y San Carlos por producir la mejor longaniza de Chile; y también la denominación de origen de este codiciado alimento, categoría agropecuaria que le da el título a esta película.

La cinta utiliza como base dos hechos reales: en el 2018, en la Fiesta de Chillán, el Premio a la Mejor Longaniza fue entregado a productores de San Carlos; lo cual luego se revirtió ya que las bases del concurso señalaban que los participantes tenían que ser de Chillán. El otro acontecimiento que ocurrió, cuando ya se estaba filmando la cinta, es que el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI) le entregó la denominación de origen de la longaniza a los productores de Chillán, lo que terminó por encender los ánimos de los sancarlinos.

Estos ya se estaban organizando en el Movimiento Social por la Longaniza de San Carlos (MSPLSC), en cuyo origen participaron los cuatro personajes principales del filme: Luisa Barrientos (Luisa Marabolí), dirigente social; Tío Lelo (Exequías Inostroza), productor de longanizas; Juan Peñailillo (Alexis Marín), abogado; y el cantante y DJ Fuego (Roberto Betancourt); que se comprometieron absolutamente con esta causa social, económica, cultural, identitaria y patrimonial de la comuna de San Carlos, en la región del Ñuble.

Alzamora, de 36 años, ha realizado además dos largometrajes: “La Mentirita Blanca” (2017) y “Hablando Huevadas: De Perú pal Mundo” (2025). También ha realizado una importante cantidad de video clips para grupos musicales chilenos y extranjeros.

En “Denominación de Origen”, el director, con un sentido del humor innegable, nos muestra todo el recorrido de estos cuatro personajes, que aprovechan e incentivan el hartazgo de los habitantes de San Carlos hacia la vecina Chillán, que literalmente les pone el pie encima. San Carlos, la ciudad donde nacieron Violeta Parra y el grupo musical Los Ángeles Negros, la ciudad de los tornados.

En principio pareciera que todo va a ir sobre ruedas. Visitan a sus vecinos de Ninhue, quienes obtuvieron la denominación de origen para sus chupallas; los entrevistan en la radio de San Carlos; pero pronto empiezan los problemas: el Concejo Municipal no los apoya, llegan dos personas a la primera reunión y finalmente la Inapi le da la denominación de origen a las longanizas de Chillán.

La parte final de la cinta se concentra en la apelación a esta decisión, para lo cual tienen 60 días. Esta etapa considera la constitución de la personalidad jurídica, el informe técnico de calidad (los chanchos de San Carlos se alimentan con arroz), la identificación del elemento único (el arroz se cosecha entre los ríos Ñuble y Perquilauquén y es el más austral del mundo), la acreditación de la presencia histórica (el investigador patrimonial Humberto Beronni certifica que la longaniza de San Carlos es la primera de Chile) y el informe de calidad sensorial, emitido por la chef polaca Anita Kokoska, para lo cual se hace una cata nacional de longanizas, en la cual gana San Carlos en cinco categorías.

La celebración con la gente de San Carlos y el equipo del movimiento es apoteósica, hasta la cena de ratificación y compromiso de pago mensual, que se transforma en una gresca bochornosa, reflejando a cabalidad la idiosincrasia local y nacional; lo que apenas se ve suavizado con el inicio del proyecto de museo de Los Ángeles Negros, un año y medio después.