
Desde el 13 al 22 de marzo, de viernes a domingo, se presentó la obra de danza urbana Heres, del destacado bailarín de hip-hop, freestyle y popping, Nicolás Cancino, en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM).
Nicolás ya es una reconocida figura por sus participaciones en televisión, en el circuito del street dance y por estar a cargo de grandes trabajos coreográficos de figuras de la música. Cancino, además de ser un bailarín urbano, también tiene una formación formal en danza, ya que es egresado de danza y coreografía; es decir, reúne el conocimiento y dominio de su profesión de bailarín junto con toda la libertad que ofrece la danza urbana.
Si bien presentó en diciembre de 2025 la obra Antes del Hip Hop en Centro Ciena, para mí era la primera vez que veía una pieza de su factura, y puedo decir que es impresionante y hermoso lo que puede lograr.
Les puedo contar, y ser sincero, que fui con bastante curiosidad de saber cómo se puede plasmar sobre el escenario lo que venía impreso en el comunicado de prensa, en un lenguaje que no manejo, pero que siempre me ha provocado curiosidad.
Y les puedo confesar que hubo escenas que no solo lograron que mis ojos, dispuestos a ver y apreciar, también fueran el lugar donde corrieron lágrimas por el mensaje.
La obra pretende mostrar las influencias del patriarcado en las relaciones humanas y en el cuerpo de los individuos frente a una sociedad inquisidora y prejuiciosa. Qué difícil es ver la burla sobre otro ser que es diferente a lo convencional e inculcado por años de rechazo. Y claro, si uno como intérprete también la vivió, pero por fortuna el convencimiento por hacer lo que tu corazón dice fue más fuerte en ese momento.
Una escena cargada de emoción fue cuando dos varones (Nicolás Cheuquepan y Lucas Carter) tienen un encuentro, donde hay sentimientos, pero también está esa sensación de estar en algo incorrecto socialmente, y aparece una chica burlándose de ellos, riendo a carcajadas con movimientos exagerados, hasta molestos; y claro, la burla siempre es desagradable para quien la habita.
O cuando una chica (Loló Leiva) va al frente de la escena y comienza a moverse: está hablando con el cuerpo, pero lo que puede ser una postura social o declaración, con movimientos staccatos, se vuelven, con la velocidad, dolorosos; ella está gritando, ella está sufriendo.
Junto a su compañía Doyoh, conformada por nueve virtuosos bailarines, como Lucas Carter, Mónica Casanueva, Nicolás Cheuquepan, Loló Leiva, Javiera Martínez, Víctor Morales, Paula Castro, Valentina Alarcón y Rubí Meléndez, que desafían la gravedad y las posibilidades del cuerpo, demostrando que este lenguaje tiene mucho que decir.
El sonido o producción musical estuvo a cargo de Macrodee, que resultó ser potente y atractiva. La técnica e iluminación, por parte de Fernando Vidal Solís, se presentó interesante y a disposición del mensaje; además, el vestuario, muy acorde, de Javiera Labbé Carvajal, junto al diseño integral de Katherine Maureira Álvarez, solo conjugaron a favor de la obra.
Si pudiera seguir con esta sinceridad que me obliga a estar al escribir sobre la obra, esta oportunidad fue la que más costó escribir, solo por una simple razón: Heres lo dijo todo, de forma noble y honesta, pero además cruda.
En resumen: Heres es una obra que debe ser vista, porque la danza también duele y expone, sin filtros, aquello que incomoda, y Nicolás lo deja claro.
