Cine
01 de Octubre, 2026

Chunking Express

Por Álvaro Inostroza Bidart

Las plataformas nos dan la posibilidad, en algunos casos, de revisar una importante cantidad de películas de un mismo autor y, por lo tanto, tener una visión bastante completa de su filmografía, de su estilo en el uso del lenguaje cinematográfico y de sus temáticas predilectas; aunque, hay que decirlo, nos alejan de las salas de cine, con su misterio y su ritualidad tan propia de los amantes del séptimo arte.

“Chunking Express” (1994), cinta dirigida y escrita por el cineasta hongkonés Wong Kar-Wai, es una de las siete películas de este realizador disponibles en Mubi, para ponerse al día con uno de los directores contemporáneos más importantes del panorama mundial. En estas páginas, ya hemos analizado otros dos de sus filmes: “Deseando Amar” (2000) y “Ángeles Caídos” (1995) y nos hemos percatado que posee un estilo visual exuberante, con mucha cámara en mano, que oscila entre la cámara fija y una gran velocidad, que juega con el desenfoque y la precisión. En el caso de sus temáticas usuales, hay coincidencias en recrear su ciudad, Hong Kong, en especial de noche y con situaciones vertiginosas o de violencia, a veces soterrada y a ratos muy directa.

Kar-Wai, de 68 años, además de los citados, posee otros ocho largometrajes: “El Fluir de las Lágrimas” (1988), “Días Salvajes” (1990), “Este Contraveneno del Oeste” (1994), “Happy Togheter” (1997), “2046” (2004), “Mis Noches de Arándano” (2007), “El Gran Maestro” (2013) y “La Mano” (2020), de los cuales cuatro están disponibles en Mubi.

En “Chunking Express” nuevamente es Hong Kong y su noche la escenografía perfecta para el desarrollo de sus personajes, invistiéndola de vida propia, con un pulso adrenalínico y desbocado. La narración gira en tono a dos policías. En la primera parte, el narrador es Ho Chi Moo, el agente 223 (Takeshi Kaneshiro); el cual se encuentra intentando olvidar las penas de amor, que le ha dejado la separación de May; para lo cual se da un mes como plazo, comprando una lata con piñas cada día, hasta el primero de mayo; para ver si el amor también tiene caducidad, igual que los tarros.

En estos solitarios días conoce a una mujer misteriosa (Brigitte Lin), que usa peluca rubia, lentes oscuros e impermeable, que termina siendo traficante de heroína; que pasa todo tipo de peripecias y la cual lo atrae desde el primer momento.

En la segunda parte, el protagonista es el agente 633 (Tony Leung), que también está tratando de superar un abandono, el de una azafata (Valerie Chow), que le dejó una carta en una fuente de soda, donde son clientes ambos policías y que regenta un simpático personaje (Riggy Chan), que les da consejos de amor a los dos agentes. De hecho, este lugar es el punto de enlace narrativo para ambas historias. Esta carta, que tiene una llave que la mujer está devolviendo del departamento, es leída por todos los trabajadores del lugar, menos por el policía. 

Lo curioso es que una joven empleada del lugar, Faye (Faye Wong), se enamora de 633, realizando increíbles acciones en su departamento, de las cuales el policía no se percata hasta que la pilla in fraganti. Este policía está bastante desquiciado y le habla a las cosas, como toallas, peluche, camisa y jabón. 

Toda esta visión poética y casi surreal de la realidad está notablemente recreada con el trabajo fotográfico de Christopher Doyle, con la música de Frankie Chan, Michael Galasso y Roel A. García y con el uso de canciones que se repiten constantemente, como California Dreamin de The Mamas & The Papas y Dream Lover de The Cranberries, tanto en versión de Dolores O’Rourke como en la de Faye Wong, para configurar una cinta entrañable de este singular e inspirado realizador.