
Ya son varias las ocasiones en que este columnista ha dedicado comentarios al desarrollo del gigantesco proyecto, ya con ocho años de recorrido, de convertir a la capital chilena en la primera ciudad latinoamericana en interpretar todas (más de 220) las cantatas de J. S. Bach.
Esta apuesta, tan bien llamada “Bach Santiago”, está gozando de muy buena salud, pues sigue cada día más acelerada hacia la meta final. Señálese, usando el léxico de las empresas constructoras, que el proyecto presenta un 75% de avance.
Al solido amparo organizativo del Instituto de Música de la Universidad Católica este gran desafío acaba de llegar a su paradero N° 57 y, haciendo honor a lo que debe ser Santiago en términos territoriales, arribó a dos iglesias: La Veracruz (Santiago-Centro) y San Ramón (Providencia). Se interpretó un programa doble con las cantatas N° 175 y 249, más conocida ésta como “Oratorio de Pascua”.
La coordinación de los abundantes programas realizados y venideros, y también su más frecuente director musical, está en manos de Felipe Ramos, el proyecto suele convocar otras batutas, tocando esta vez a Pedro Pablo Prudencio, director residente de la Orquesta Filarmónica de Santiago.
A diferencia de otros repertorios con obras de un mismo género, donde se repiten moldes con cierta estrictez (sinfonías de Haydn, conciertos de Vivaldi), las cantatas de Bach constituyen una caja de sorpresas colmada de variantes, y sobre eso valgan las siguientes líneas.
Quien las prepare y conduzca y quienes las interpreten vocal e instrumentalmente deben enfrentar conformaciones siempre diferentes, que, quiérase o no, imponen dedicaciones especiales. Así, en este programa la primera cantata, breve, no tenía el acostumbrado coro contrapuntístico inicial sino con un recitativo, también tenía una curiosa aria con tres flautas dulces y otra con dos trompetas. La otra, en cambio, mucho más extensa, partió con una sinfonía instrumental y luego un brillante coro plagado de ornamentaciones; los recitativos intercalados no eran unipersonales sino compartidos entre el cuarteto de cantantes solistas; la pequeña orquesta inicial creció con oboes, tres trompetas y timbales; un aria tenía el acompañamiento de un violín sobrecargado de virtuosismo, etc, etc.
El universo de las cantatas de Bach pareciera no tener fin y cada nuevo avance en la concreción del proyecto “Bach Santiago” plantea más y más retos, que van siendo muy bien superados. Esta fue una muestra más.
En la interpretación vocal suelen tenerse a algunos cantantes consagrados, otros en sólido surgimiento e instalación, pero también gratas sorpresas más novatas, como Rodrigo Quinteros, un bajo-barítono de los buenos, quien pareciera tener enorme futuro en su arribo al ámbito del canto docto.