Ópera
07 de Julio, 2026

“Andrea Chénier”: exitoso rescate desde el olvido

Por Mario Córdova

Tras cuatro décadas de inexplicable postergación volvió “Andrea Chénier” al Teatro Municipal de Santiago. Mientras la comunidad operática más adulta recordaba con nostalgia esas lejanas producciones que tuvieron entre sus intérpretes a famosos, como Plácido Domingo, Aprile Milo, Sherrill Milnes, Renato Brusón, Claudia Parada o Mateo Manuguerra, en ella y las nuevas generaciones crecía un gran vacío, que por fortuna ha venido a llenarse con un regreso verdaderamente triunfal  Su excelencia a todo nivel ha traído mucha conformidad a la larga espera, permitiendo incluso afirmar que valió la pena aguardar tanto por su reposición.

Esta obra máxima del verismo italiano presenta una galería de más de una docena de personajes con diferentes grados de participación solista, recayendo el mayor protagonismo en los tres  principales, siendo sus cantantes los únicos extranjeros en los dos elencos en alternancia. Esta decisión ha dado tribuna a un numeroso escuadrón de valores nacionales, consagrados y en ascenso.

Los tenores Antonio Gandia y Denys Pivinitsky (Chénier) sirven con sobrada solvencia y buena proyección sonora el exigente rol, dejando ver diferencias tímbricas que favorecen al primero, aun cuando éste muestra algunas carencias de robustez  en el registro medio. A su colega se le echa de menos un mayor acercamiento a lo que se espera de un cantante lírico neto. 

Las sopranos Gloria Jleun y Yunuet Laguna (Magdalena) alcanzan niveles de excelencia absoluta en canto y fuerza expresiva, percibiéndose en la primera cierta mayor calidad, producto de un grosor vocal más pronunciado.

Para enrolar a Carlo Gerard se cuenta con el concurso de Gihoon Kim y Giuseppe Altomare, con marcadas diferencias tímbricas y de potencia vocal. En el primero se aprecian todas las cualidades de lo que se entendería por un barítono “verdiano”; en el otro, en cambio, aparecen las de un buen bajo-barítono, con algunos agudos menos naturales. 

A las claras bondades de este trío duplicado deben agregarse las notables participaciones de Ramiro Maturana y Javier Weibel (Roucher), Evelyn Ramírez (Condesa y Madelón),  David Rojas (Increíble) y, vaya sorpresa, Pedro Alarcón en tres roles.

El Coro del Teatro Municipal posee destacada participación en casi toda la ópera, con grandes demandas actorales. Su canto, especialmente el del plantel femenino, muestra la homogénea calidad de siempre. La dirección musical de Sergio Alapont frente a la Orquesta Filarmónica es magnífica, plena de matices y logrando permanentes equilibrios con los cantantes.

En lo visual el montaje respeta a cabalidad el tiempo y lugar de la acción con una dirección teatral muy justa, comandada por Pier Francesco Maestrini, sin ningún tipo de perturbador arranque, llamando la atención su acentuación verista en ciertas escenas en que se asoma la necesaria violencia. 

El concepto escenográfico de Nicolás Boni posee como gran fortaleza la protección en una gran pantalla central donde se crea con entero acierto el ambiente de cada uno de los cuatro actos. Este recurso no es estático, sino que incorpora impactantes efectos que llegan a incluir personas virtuales en movimiento mezclándose con los verdaderos. El vestuario diseñado por Stefania Scaraggi es otra fortaleza, abundante y con entero apego tanto a lo lujoso  como al gentío revolucionario.

Ha regresado “Andrea Chénier”. Costó demasiado que volviera, pero aquí está, colmada de exitosos atributos.