
El género del road movie o películas de carretera está asociado a procesos de búsqueda de identidad o transformación de los protagonistas de éstas. En dichas cintas es importante lo que ocurre arriba de los medios de transporte, generalmente automóviles; como también en las paradas del itinerario, que hacen patentes los cambios que van experimentando los personajes.
Esto es notorio en “Agárrate el Pañuelo, Tatiana” (1994), cinta dirigida, escrita, producida y montada por el cineasta finlandés Aki Kaurismaki, que relata la escapada en auto que se dan dos amigos: el trabajador Valto (Mato Valtonen) y su mecánico, Reino (Matti Pelloppa), que parten desde un pequeño pueblo de campo, sin destino aparente. En el camino conocen a la estoniana Tatiana (Kati Outinen) y a la rusa Klaudia (Kirsi Tykkylainen), que los convencen de llevarlas al puerto de Helsinki, donde deben tomar un buque que las conducirá a Tallin, Estonia, donde vive Tatiana; y desde donde Klaudia tomará un tren a Rusia. Por supuesto, todo esto se sabrá paulatinamente, a medida que el viaje avanza y se van relacionando los personajes: Valto con Klaudia y Reino con Tatiana.
Kaurismaki, de 69 años, tiene una vasta e interesante filmografía, que se inicia en 1983 con “Crimen y Castigo” y en la que destacan “Calamari Union” (1985), “Ariel” (1988), “Cowboys de Leningrado van a América” (1989), “Contraté a un Asesino a Sueldo” (1990), “Nubes Pasajeras” (1996), “Un Hombre sin Pasado” (2002), “Luces al Atardecer” (2006), “El Otro Lado de la Esperanza” (2017) y “Hojas Caídas” (2023), que se caracterizan por la presencia de personajes de clase media y baja, con vidas más bien grises; que por momentos alcanzan momentos de realización o de pequeñas alegrías.
Esto ocurre en “Agárrate el Pañuelo, Tatiana”, en la cual Kaurismaki agrega elementos de humor y de absurdo, que hacen sonreír al espectador. Por ejemplo, Valto, al comienzo, recibe un coscacho de su madre por fumarle el cigarrillo. Como un acto de liberación, la encierra en una habitación y le saca dinero de la cartera, con el cual pagará el arreglo de su auto y buena parte del viaje.
Por lo demás, los personajes son bastante curiosos. Reino no para de beber vodka pura y Valto es un fanático del café; y ninguno de los dos habla mucho; por lo cual las mujeres los encuentran aburridos; lo que no impide que lentamente se vayan encariñando con ellos. Tatiana toma fotografías y Klaudia los trata de compañeros. Los cuatro fuman como chimeneas y les cuesta comunicarse.
Las paradas también resultan peculiares. Café bares con shows de rocanroleros existenciales, restoranes donde todos bailan, menos los dos amigos; un hotel donde comparten habitaciones, pero no pasa nada erótico; dan cuenta de la importancia de la música en la cinta y de las casi nulas habilidades sociales de Valto y Reino; los que, sin embargo, de acuerdo a sus parámetros, exploran considerablemente los límites de su libertad durante el viaje; luego del cual ya no serán los mismos.