Música
05 de Abril, 2026

Gran inicio de temporadas en el Municipal

Por Jaime Torres Gómez

Luego del receso veraniego, no sin antes una buena actividad en enero de los cuerpos estables del Teatro Municipal de Santiago, en marzo se dio inicio a las temporadas de abono propiamente tales, en este caso con las primeras presentaciones de la Filarmónica de Santiago y del tradicional Ciclo de Grandes Pianistas.

En el caso de la Filarmónica, el primer programa, inusualmente no confiado al director titular del conjunto, estuvo a cargo del debut en Latinoamérica de  la reconocida maestra ucraniana Oksana Lyniv, tras su cancelación hace dos años. Y con una masiva asistencia, este programa respondió a un inteligente diseño, contemplando una virtuosa mixtura entre lo nuevo, lo muy popular y lo tradicional poco frecuentado

De gran atractivo el estreno latinoamericano de “Let There Be Light” (“Hágase la Luz”) de la compositora ucraniana Bohdana Frolyak (1968). Escrita en 2022, responde a un desgarrador propósito cual es una respuesta desde la visión de la artista sobre el conflicto bélico entre Ucrania y Rusia, transitando desde la desolación hasta una esperanzadora luminosidad. Destacable su amplia riqueza armónica, delicadas texturas y colores, más un muy buen dominio de la orquestación. Excelente ajuste grupal (ensamblada y dosificada sonoridad) más buen desempeño de solistas (estupendo solo del cello) ante los autorizados requerimientos en carácter, dinámicas y acentos.

Posteriormente, el archiconocido y excesivamente ofrecido Concierto para Violín de P.I. Tchaikovsky, en una idiomática versión a cargo del también ucraniano Andrii MurzaCon irreprochable musicalidad más una amplia proyección de sonido y hermosura tímbrica, Murza firmó una interpretación en ascenso, con un primer movimiento, a ratos, algo rutinario, para luego encumbrarse a grandes alturas. Muy bien abordado el segundo, con una galería de auscultadores acentos en lo vernáculo inspirante. Notable complemento de la batuta, y en plena consubstanciación con el magnífico solista, obteniendo un resultado de gran jerarquía de los filarmónicos

Como obra final, una solidísima versión de la Sinfonía N° 4 “Romántica” de Anton Bruckner. Del todo encomiable la inclusión de esta magnífica (y catedrálica) obra como parte del primer programa filarmónico, brindándose un debido valor agregado a la formación de nuevas audiencias. Cabe señalar que la Filarmónica ha sido la agrupación que históricamente más ha programado obras brucknerianas, recibiéndose con entera normalidad. 

De, ora ascético, ora terrenal cometido, esta sinfonía es fiel reflejo de la estética bruckeriana, respondiendo a un genuino sentido contemplativo de lo evocado por la naturaleza, aunque en función de una sentida alabanza a Dios, plasmando un discurso de cíclica construcción con macizos trazos sonoros, sintetizando terrenalidad y trascendencia. De personal visión, la maestra Lyniv firmó una atractiva versión signada de animados tempi, amén, a ratos, al umbral de peligrosos accelerandi que pusieron en riesgo la exposición global del discurso interno, aunque jamás afectando la estructura global. Magníficos logros en texturas, balances y dinámicas. Los filarmónicos, en estado de gracia, respondieron con celebrado ensamble. Sólo esperar un pronto retorno de Oksana Lyniv, tanto en conciertos como en ópera…

Entre el primer y segundo programa filarmónico, hizo su debut en Santiago el legendario pianista francés Pierre-Laurent Aimard, en un programa ciento por ciento confiado a obras de L.V. Beethoven. Aimard, quien debutó en Chile años atrás en Frutillar, tenía pendiente presentarse en la capital del país. De impresionante versatilidad, su copiosa y aclamada discografía para los más importantes sellos discográficos, da cuenta de un músico de gran formación e interés por amplios repertorios, desde los clásicos hasta la música de vanguardia.

Con técnica sobresaliente y musicalidad a borbotones, Aimard enfrentó el monográfico Beethoven con versiones de grandes transparencias y soberbia inteligencia expositiva. Impresionante la quietud de enfoque en la Sonata N° 32 como primera obra, siguiendo con una prístina versión de las 24 Variaciones de “Venni amore” (escasamente ofrecida por estas latitudes); luego, con gran amabilidad, las Bagatelles Op. 119, para finalizar con una impactante interpretación de la Sonata N° 23 “Appasionata”, con una magistral simbiosis de pasión interna sin caer en destemples. Notable manejo global de las transiciones, acentos y fluidez del “canto interno” en todas las obras. Simplemente, deslumbrante y de los mejores pianistas que han visitado Chile en décadas

El segundo programa de la Filarmónica, esta vez liderado por su flamante titular, Paolo Bortolameolli, volvió a mostrar el estupendo nivel que hoy exhibe esta orquesta, casi al nivel alcanzado hasta el año 2006 en cuanto impronta sonora y precisión de ensemble, considerando en su momento llegó a ser una de las tres mejores orquestas latinoamericanas.

Impactante inicio con el atrapante Concierto para la Mano Izquierda de Maurice Ravel junto a Pierre-Laurent Aimard, en su segunda presentación en el Municipal. De cicatera programación, esta fundamental obra raveliana desde 1980 sólo cinco veces ha sido ofrecida en Chile…, recibiéndose esta sexta presentación con el mayor beneplácito. Impactante lectura de Aimard, distanciándose de habituales enfoques más bien asociados a preciosismos colorísticos y efectos rítmicos, enfatizando más la maciza robustez de su discurso interno en cuanto desgarro e incisividad. Mancomunada labor de la alada batuta, logrando magnifica amalgama orquesta-solista.

Finalmente, luego de casi seis décadas ausente, una deslumbrante versión de la Cuarta Sinfonía de Dimitri Shostakovich. Muy bienvenida esta reedición dentro de la efeméride de los 120 años del nacimiento del gran Dimitri… Con esta acertada apuesta programática (y de toda la temporada de la Filarmónica) la mano de Bortolameolli como titular se consolida sin reproches artísticos, y conforme sus resultados más recientes tanto con la misma Filarmónica como con otras orquestas de la plaza, denotan a un director en plena madurez artística.    

Esta Cuarta shostakovichiana no es precisamente un hueso fácil de roer, requiriéndose de buena preparación al tratarse de una obra algo divagatoria, relativamente extensa (sobretodo el primer movimiento) y en momentos muy sobrecargada en decibeles... Empero, sus méritos estriban en un verdadero auto da fe estético del compositor, quien fue sojuzgado por las autoridades políticas, debiendo posteriormente en sus demás obras ajustarse a las pautas artísticas oficiales (aunque, subrepticia y genialmente, desafiándolas mediante “códigos ocultos”). 

Gran labor en todo orden de Paolo Bortolameolli, sin duda un autorizado conocedor de Shostakovich, obteniendo resultados excepcionales en todo orden de los filarmónicos.