Danza
05 de Diciembre, 2023

“Callas, la Divina”: Un homenaje a una estrella del bel canto

Por César Sepúlveda V.

Desde el 28 de noviembre al 2 de diciembre, se presentó en el Teatro Municipal de Santiago, el estreno mundial de danza “Callas, la Divina” de la coreógrafa Annabelle Lopez Ochoa. 

Después de potente trabajo que fue el estreno mundial de “Nijinska: Secreto de la vanguardia”, llegó el turno de celebrar, dar vida, a otra obra que nace desde el teatro al mundo y enfocada a una fémina, pero esta vez a la gran diva del siglo XX, mujer potente y poderosa en el canto lírico, responsable del renacimiento del Bel Canto, como fue María Anna Sofia Cecilia Kalogeropoulos, más conocida como María Callas, que el Municipal de Santiago quiso festejar este año con el “Ciclo Callas”, en homenaje a los 100 años desde su nacimiento, que en el mes de octubre, presento la obra teatral “Callas, la hija del destino” y hoy es el turno de agasajar junto a nuestro querido Ballet de Santiago. 

“Callas, la Divina”, viene esta vez de la mano de la destacada coreógrafa belga-colombiana, que ya la vimos el 2014 en el estreno de “Pluma”, obra creada para el elenco femenino del Ballet Nacional Chileno. Después, 2021, abrió a la presencialidad del Ballet de Santiago con “Réquiem para una rosa”, pieza que le valió el premio a mejor montaje por el Círculo de Críticos de Artes de Chile, al lograr con excelencia, el flujo de la compañía por un lenguaje que transitaba entre el clásico y el contemporáneo. Para luego, hoy, en el 2023, la vemos nuevamente con una obra que transita entre el clásico, neoclásico y los movimientos contemporáneos, que podemos afirmar que es muy positivo para la compañía, demostrando está su profesionalismo, como su ductilidad para enfrentar los desafíos coreográficos.

La pieza está compuesta de dos actos, con un tiempo de 40 y 45 minutos respectivamente, que peregrina relatando la historia de la mujer y la cantante, en una tragedia griega de glorias e infaustos episodios de su vida.

Si bien la música es grabada, podemos contar que la creación musical es de Frank Moon, con la participación de la Filarmónica de Santiago bajo la dirección de Juan Pablo Prudencio y audios de la mismísima Callas, que hacen recordarla y sentir que es ella misma la que está sobre el escenario, pero está vez bailando su vida.

Cuando se abre la escena podemos visualizar una escenografía majestuosa y bella. Una gran escultura al más estilo griego de una mujer recostada, que ocupa todo el escenario y que se funde en este, como si estuviera a medio sumergir. Elementos como pilares rojos, una gran cortina, que nos lleva a los grandes teatros europeos, espacios limpios que hacen ver el escenario espacioso, enfocándonos sobre el motivo y no distraer la mirada en artilugios propios de creer que mientras más aliño tiene la cena mejor queda. Una iluminación cuidadosa, un vestuario atractivo y enfocado en la época de la historia. Todo esto, a cargo de la colaboración artística de Nancy Meckler, en el diseño, escenografía, video e iluminación de Christopher Ash, y el vestuario de Loreto Monsalve, correspondientemente. 

Mientras iba en camino al Municipal, pensaba: Callas era una gran cantante, alguien que se transformó en una luz en el Olimpo de las artes y específicamente en la música, el canto. Una verdadera diva, es más la nombraron “la divina” los críticos de la época, como forma de catalogar su talento excepcional. La interrogante era como visualizaría esta dimensión en danza. Gratamente, me encontré que Ochoa convierte la voz de María Callas, en un personaje, siendo uno de los grandes aciertos, ya que ella (La voz) es una de las grandes protagonistas de esta historia.

Sin embargo, a pesar de que existe una infinidad de aciertos, momentos o cuadros bellísimos, como la intervención de la compañía con periódicos cubriendo sus rostros del segundo acto, evocando la presencia de los medios o farándula de la época, demostrando que su vida tanto personal como artística estaban y eran del interés público.

Ver a Gustavo Echeverria en el rol de director de orquesta, desplegando toda su técnica y capacidad, con unos bellos Double Saut de basque y arabesques alternados, cambiando de foco, muy bien ejecutados. Además del cuadro a continuación del anterior que realiza junto al elenco masculino, demostrando porque este año fue nombrado merecidamente en el cargo de solista de la compañía. 

El bello dúo de Jackie Onassis y Aristóteles Onassis, interpretado por Christopher Montenegro y la sólida Katherine Rodríguez, hacen sentir los placeres de ver idoneidad y calidad sobre el escenario. 

Y bueno la grata y gran sorpresa, el personaje de María Callas, interpretado por Ethana Escalona, cuerpo de baile, bailarina de linda y estilizada figura, de hermosísimas condiciones, como línea y extensiones, que fue un verdadero deleite presenciar su trabajo. 

Hay apreciaciones personales que me conflictúan para un aplauso cerrado, pero que bien valen comentarlos y explicarlos, para ser honesto con nuestro trabajo. 

Creo que, en el primer acto, existió un exceso de ideas que no logro dar luz visualidad, pero que sí estaban presentados en el programa, provocando distracción o confusión en que estaba apreciando específicamente.

Si bien hace un tiempo me he encontrado con opiniones de que no se habla de los cuerpos, yo más bien considero que si se puede hablar de ellos, si estos cuerpos son capaces de pararse sobre el escenario. En relación con esto, ver a un elenco femenino bastante parejo físicamente y encontrarse con dos damas algo excedidas, más bien me distrajo, saco de la obra, al no entender este cambio de paradigma de cuerpos estilizados, alargados, propios de la danza clásica.

Por otro lado, sobre utilizar las condiciones de la protagonista, como el grand battement (Elevación de la pierna y luego bajarla) o el penché (abertura de piernas en arabesque sobrepasando los 90° de la pierna base originalmente, pero que ya hoy en día, aplaudimos los 180°) solo lograron en un primer momento, estimar las condiciones de la intérprete, pero luego en el trayecto, a preguntarse el porqué, más de lo mismo.

En el rol de la Voz, estaba interpretado por Matías Romero, joven de grandes condiciones físicas y que se veía totalmente comprometido con el cometido, y que es muy probable que en un futuro, lo veremos asumiendo roles más protagónicos, pero que en esta oportunidad se veía muy niño, inocente e inmaduro para interpretar la voz de la Divina.

Mientras observaba la función pensaba en un Miroslav Pejic, bailarín con dominio, presencia y potencia escénica, que se ve desde que pisa el escenario. Si Callas estaba enfrentada entre sus dos amores (su vida personal y su talento), es decir; entre Onassis, responsable de que abandonara su arte (interpretado por Montenegro, que es alto, bello y fuerte) y su talento, la voz (la gran protagonista de su popularidad y admiración que provoca hasta el día de hoy), es de esperar que visualmente este conflicto de poder, se vea reflejado sobre el escenario, por estos dos monstruos que dominaron su vida, y más si contamos está historia en lenguaje de danza, donde el movimiento y la imagen forma el relato, pero más bien me parecía un lazarillo a la espera de la atención de su amo.

Sin embargo, esta fue una nueva oportunidad para ver y disfrutar de esta gran compañía, capas de atravesar las técnicas con talento, empoderamiento y profesionalismo.

Fotografías de Paulo Reyes